EL ALTIVO AMBATEÑO FLORECE EN CADA UNO DE NOSOTROS

Columnistas

En agosto del 2026, se conmemorarán  77 años del fatídico terremoto del 5 de agosto de 1949, con una estimación de 5.000 personas fallecidas y unas 10.000 que quedaron sin hogar, se considera históricamente uno de los eventos telúricos más devastadores de los últimos tiempos en nuestra provincia.

Hago remembranza del legado en las fuerzas vivas de nuestra gente, en la cual evocamos la capacidad de levantarnos de los escombros, porque somos resilientes ante las adversidades incluido erupciones del volcán Tungurahua; somos gente trabajadora y soñadora, representantes del emprendimiento en la producción  y comercialización de frutas, calzado, ropa, servicios financieros, turismo, agricultura, actividades en las que se refleja el espíritu rebelde y altivo del legado.

El respeto por mantener y preservar una de las costumbres más hermosas como es la celebración de la fiesta de la fruta y de las flores (nacida como un acto de superación tras el sismo), evento que aglutina a un sinnúmero de turistas nacionales y extranjeros, en los cuales el evento central se guía por el desfile de la confraternidad y la  exhibición de la riqueza cultural, histórica, productiva en diferentes museos de la localidad, corroboran el amor por nuestro terruño.

Tanto las empresas comercializadoras de autos, como aquellas productoras de productos alimenticios para todo tipo de animales, las que se dedican a elaborar balanceados para aves, calzado de exportación, las cooperativas de ahorro y crédito y demás, conocen de la fortaleza de los ambateños y confían plenamente en su gente trabajadora, por lo cual ratifican su permanencia en nuestra tierra.

Dicen que todo ambateño regresa a su tierra, y es la verdad, aquellos que hemos tenido la oportunidad de estudiar en otras ciudades ya sea para obtener un título académico o de cuarto nivel, siempre evocamos a nuestra ciudad y tarde o temprano queremos retomar nuestras raíces.

La visión de la ambateñidad se centra en la investigación, la creación de oportunidades empresariales en los emprendimientos, el fortalecimiento deportivo, cultural, poético, la práctica de valores como el respeto, la solidaridad, la disciplina, y más que todo la inversión en lo que realmente nos compete, nuestra preparación académica.

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