Sesión Solemne de la Asamblea Nacional en Ambato

En un gesto de profundo simbolismo democrático, la Asamblea Nacional trasladó su actividad institucional al corazón de Tungurahua para celebrar, desde el campus de la Universidad Regional Autónoma de los Andes (UNIANDES), la Sesión Solemne conmemorativa de los 75 años de la Fiesta de la Flores y de las Frutas.
Como defensora de los procesos participativos, no puedo más que felicitar esta decisión, cuando el poder legislativo se instala en los territorios, la democracia deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una realidad tangible que honra a sus ciudadanos.
La elección de la fecha y el lugar no es casualidad. Recordar que esta celebración nace de las cenizas del devastador terremoto de 1949 es recordar que el Ecuador se ha construido sobre la base de la resiliencia de su gente.
Especialmente significativo resulta el escenario elegido: una universidad. La intervención del rector de UNIANDES, Gustavo Álvarez, nos recuerda que la academia es la principal herramienta de transformación social. Al abrir las puertas del campus a la Asamblea, se reconoce que la ciencia, la filosofía y el conocimiento deben remozar la labor legislativa; y, cuando avanzan de la mano logran justicia y equidad territorial y social. No se puede construir democracia y unidad nacional sin escuchar la voz de sus ciudadanos; y no hay sociedad que prospere sin la universalidad de la educación superior, comprometida y determinada a ser motor y pilar del desarrollo.
Detrás de los grandes aciertos institucionales siempre existirán visionarios que entienden que la política no es un ejercicio de escritorio, sino que es un puente real para ejecutar soluciones desde el poder, fundados en la soberanía que emana desde los ciudadanos. Por ello, en mi análisis previo sobre la exitosa Sesión Solemne de la Asamblea Nacional en Ambato, sería una omisión imperdonable no destacar y felicitar expresamente a dos personas cuyo impulso hizo posible este encuentro entre el legislativo y el corazón de Tungurahua: la Dra. Abigail Lara Pérez y el señor Asambleísta Alejandro Lara Pérez.
Alejandro Lara, como Asambleísta Tungurahuense, además de comprometido con su tierra y su trabajo, hace gala de algo más profundo: de su carisma, humildad, amablilidad, cariño y respeto con toda la gente. Merece mi reconocimiento por demostrar que la representación política va más allá de la curul. Gestionar y promover que la Asamblea Nacional se instale en Tungurahua una vez más, justamente en el marco de una celebración que simboliza el valor y la resiliencia de nuestro pueblo, que se levantó de las ruinas del terremoto de 1949 con trabajo y pujanza, es un mensaje poderoso y alentador. Nos ha dejado un mensaje, que desde Tungurahua se legisla mirando a los ojos del agricultor, del emprendedor, de la familia trabajadora, del empresario, del artista, del profesional en libre ejercicio, del docente, del estudiante, entre otros. Como así fueron reconocidos varios ilustres personajes de nuestra amada tierra.
Pero no puedo dejar de mencionar con especial respeto y reconocimiento a la Dra. Abigail Lara Pérez, distinguida colega, cuya labor silenciosa, pero responsable y determinante ha sido fundamental para la materialización de este evento en la magnitud y forma en la que se desarrolló. En nuestro país, donde el trabajo de gestión suele ser invisibilizado, es merecido y justo el reconocer a quienes tejen los puentes institucionales, mentalizando y construyendo escenarios logísticos para que estos actos de reencuentro cívico sean posibles. Su capacidad de articulación entre la academia, representada por UNIANDES, y el poder legislativo, ha sido precisa y valiosa, ha permitido que la Asamblea no solo llegue a Tungurahua y Ambato, sino que este acercamiento se haga en un espacio de ilustración, conocimiento y constante formación como lo es la Universidad. Uniendo así el saber y el ejercicio del mismo, desde el más alto organismo parlamentario del Estado.
Finalmente, quiero destacar que Las condecoraciones «Dr. Vicente Rocafuerte» y «Dra. Matilde Hidalgo de Procel» entregadas a personalidades ambateñas adquieren un valor especial cuando son entregadas en casa, frente a los suyos. En un escenario tan hermoso, acogedor y simbólico como es el Campus de la UNIANDES, que nos abrazó aquel día, con la calidez de sus Autoridades.
Que esta sesión solemne en Ambato siente un precedente nacional. Que el legislativo procure que su labor no se ejecute únicamente en los escaños de la capital, sino en cada rincón del Ecuador donde un ciudadano anhela que sus necesidades sean atendidas y resueltas con leyes acertadas y nacidas desde el conocimiento y el saber. (O)
