Natalidad a la baja y economía estancada

Columnistas, Opinión

De las economías desarrolladas, la que tiene una tasa de natalidad superior es la de Estados Unidos, mientras la población de la Unión Europea y de China está declinando. Rusia no está tan bien como Estados Unidos, pero está lejos de la tragedia demográfica de los europeos y los chinos. 

La situación de China es dramática. Para finales de siglo la población de 1.4 billones de personas podría reducirse en cerca de un cincuenta por ciento, a menos que ocurra un profundo cambio en la tendencia demográfica declinante. Dentro de diez años, en el 2035, los gobernantes de ese país esperaban que el Pib se duplicara y China se convirtiera en un superpoder técnico e industrial. No será posible con una tasa de nacimientos de 0,98, muy inferior a la de 2,1 que necesitaría para alcanzar ese objetivo. Si bien tiene 470 robots por cada 10.000 empleados, ese importante porcentaje de humanoides será insuficiente para aumentar la productividad. La política pública de un hijo por familia, aplicada desde los tiempos de Mao, cuando el crecimiento poblacional era considerado una amenaza, por la experiencia de las hambrunas, comenzó a revertirse en el 2016, sin resultados positivos, especialmente, por el alto costo de criar un hijo. Los chinos no quieren tener más de un hijo.

Con la tasa de sustitución demográfica tan baja, la economía se resiente. Menos trabajadores pagan impuestos y contribuciones a los sistemas de seguridad social. El Estado de Bienestar, con jubilaciones aceptables, resulta insostenible. El Pib crece muy lentamente. España, con una baja tasa de natalidad de 1,3, es el único país de la Unión Europea que ha tenido un desempeño económico muy positivo, debido a un manejo apropiado de la migración, especialmente  de América Latina. 

Ecuador y Colombia tienen tasas de natalidad de 1,82 y 1,65, respectivamente, muy cercanas a la de Estados Unidos que oscila entre 1,6 y 1,8. Si bien son más altas que las bajísimas tasas de España y de China, no permiten la sustitución poblacional, por lo que, de no superar el 2,0, también experimentarían la declinación lenta de la población, con las consecuencias de ello para la economía.  (O)

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