Quién vendió a Maduro

Columnistas, Opinión

El inicio del año trajo una noticia que sacudió a Venezuela y al continente: la caída de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, señalados como figuras centrales de uno de los gobiernos más corruptos y criminales de la historia reciente de América Latina. Un régimen vinculado, según múltiples denuncias, al narcotráfico internacional a través del llamado Cartel de los Soles, que operó por aire, mar y tierra, dejando al país sumido en miseria, violencia y desesperanza.

Y yendo al meollo de la captura, la administración Trump, habrían sostenido diálogos y contactos directos a través de intermediarios con Diosdado Cabello. Para proceder a la captura de Maduro y a este lo habría advertido “Estados Unidos; si no cumple, también tarde que temprano seria capturado, En este escenario emerge con fuerza el Clan Rodríguez, encabezado por Delcy Rodríguez, hoy sucesora de Maduro, figura clave del poder ejecutivo. Y quien es la que maneja el negocio petrolero, su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, más algunos miembros del gabinete y generales de las fuerzas armadas venezolanas, encabezados por el ministro de defensa Vladimir Padrino López, a este grupo cerrado se los atribuye como los principales beneficiarios y a la vez traidores del colapso del madurismo, convirtiéndose en los “Judas” internos del régimen; y, habrían sido quienes dieron la alerta final que dejó a Maduro acorralado, rechazando incluso una salida negociada hacia un exilio dorado en Turquía.  Y por el trabajo de entregar a Maduro hoy continúan en los cargos en el gobierno venezolano. Paralelamente, el dúo conformado por Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López se encontraría en una situación frágil: con fortunas aparentemente blindadas, pero políticamente en la cuerda floja y a la espera de una posible caída que los acerque al mismo destino de su antiguo líder.

La descomposición del narco-Estado venezolano representa más que el fin de un régimen: simboliza una esperanza de renacimiento para Venezuela y para una Latinoamérica golpeada por décadas de sangre, narcotráfico y corrupción. Este golpe no solo es contra un gobierno tiránico, sino contra una estructura criminal que ha contaminado instituciones y culturas enteras. Hoy el mundo observa atento. La lucha contra el narcotráfico que no se gana únicamente con armas, sino con decisión política y voluntad colectiva. Que este sea el inicio de un nuevo rumbo para Venezuela. (O)

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