¿Controlamos nuestra química cerebral?

Columnistas, Opinión

¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué hay días en los que nos levantamos imparables, dispuestos a conquistar el mundo y otros días en los que apenas podemos levantarnos de la cama? ¿Por qué algunas personas parecen tener una fuerza de voluntad de hierro mientras otras se rinden a la primera dificultad? Podemos culparle a la motivación, a la fuerza de voluntad, a la disciplina, pero la contestación está en nuestro cerebro, específicamente en siete sustancias químicas que están determinando si somos fuertes o débiles. Y, exceptuando en enfermedades mentales puntuales, la mejor noticia es que, en gran parte, podemos controlarlas. Es decir que o les controlamos y les activamos a nuestro favor o, sin enterarnos, nos dejamos sabotear por ellas permitiéndoles trabajar en nuestra contra. 

Muchas veces hemos sentido que hay una batalla constante dentro de nosotros entre la persona que queremos ser y la que somos. Esa batalla no es imaginaria, es neuroquímica, es psicobiológica. Nuestro cerebro produce constantemente sustancias químicas que controlan nuestro estado de ánimo, energía, motivación, capacidad de enfocarnos, resistencia al dolor, tolerancia al estrés, impulso de acción entre otras. Y aquí está lo fascinante, tanto las personas fuertes como las débiles tienen exactamente las mismas sustancias químicas en el cerebro, la diferencia no está en cómo las activan. Los fuertes han aprendido, consciente o inconscientemente a manipular su química cerebral a su favor, mientras que los débiles son esclavos de ella.

Averigüemos entonces, uno por uno, los siete químicos cerebrales que determinan nuestra fuerza, nuestra resistencia y nuestra capacidad de no rendirnos jamás. Iniciemos con la reina de las sustancias químicas, la dopamina, que es el químico del impulso, de la anticipación, regula el movimiento, la motivación, el placer y la recompensa, además de influir en el aprendizaje, la atención, el sueño y el estado de ánimo. Es lo que nos hace querer levantarnos y conquistar nuestros objetivos y metas, es el combustible que mueve a los emprendedores, a los atletas, a los guerreros. Pero es un arma de doble filo. Cuando aprendemos a activarla correctamente, nos volvemos disciplinados tenaces, incansables. Pero cuando la mal usamos, nos convertimos en adictos a la gratificación inmediata, buscamos dopamina apenas abrimos los ojos y ya estamos revisando las redes sociales, videojuegos, “necesitamos” un nuevo video cada segundo, pero no podemos concentrarnos en una tarea más de 10 minutos, en leer algo, consumimos comida chatarra, pasamos desperdiciando el tiempo en diversiones banales, consumo de sustancias, nuestro sistema de dopamina está destrozado, cada vez necesitamos más estímulo para sentir lo mismo. Las personas fuertes hacen exactamente lo contrario, entrenan su cerebro para obtener dopamina del esfuerzo, de la disciplina, del sacrificio, del progreso, del trabajo duro, activan la dopamina de manera correcta.  La dopamina es el químico que determina si perseguimos nuestros sueños o si perseguimos solo distracciones. Liberamos dopamina al celebrar el progreso, no solo los resultados. Reprogramamos nuestro sistema de recompensa. cada vez que completamos una tarea difícil, tomémonos unos segundos para reconocerlo conscientemente. Nuestro cerebro liberará dopamina y asociará el esfuerzo con placer. La próxima semana comentaremos del segundo neuroquímico. (O)

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