Trump y el Ártico

Trump evalúa todas las opciones, incluido el uso de la fuerza para anexar Groenlandia. Lo cual evidentemente es una declaración de hostilidad contra el orden internacional. Esta ambición colonial, propia del siglo XIX, ignora la soberanía del Reino de Dinamarca y el derecho de autodeterminación del pueblo groenlandés, que avanza hacia su independencia de forma pacífica.
La posición danesa es clara, ya lo han dicho en reiteradas ocasiones: Groenlandia no está en venta. Sugerir una adquisición forzosa es un insulto a la democracia. Peor aún, contemplar una acción militar contra un aliado de la OTAN dinamitaría la alianza transatlántica desde dentro.
La vulnerabilidad de la isla, con su pequeña población y defensas limitadas, no justifica la agresión, sino que impone una responsabilidad ética. La base estadounidense de Thule existe por un acuerdo entre aliados. Usarla para apropiarse de Groenlandia sería una traición imperdonable.
La codicia por recursos árticos y posición geoestratégica de EEUU le nubla su razón. Desde el derecho internacional, esta amenaza viola la Carta de la ONU. La comunidad debe rechazarla con firmeza.
Es por ello que, defender hoy a Groenlandia es defender el principio fundamental de que los territorios no se conquistan, se respetan conforme a la normativa internacional y los acuerdos suscritos entre los Estados. El Derecho Internacional debe ser respetado por todos los países. (O)
