Tenemos potencial / John Tello Jara

Columnistas, Opinión


De acuerdo a información proporcionada por el INEC (al 12 de mayo del 2019) la cantidad de ecuatorianos llega a 17´246.876, mientras que en Tungurahua somos 577.551 (proyección 2018) equivalente al 3,34% con una superficie de 3.386,25km2.

Una pregunta que nos hacemos en diversos foros o conversaciones sobre la base del crecimiento económico, radica en analizar si la cantidad de habitantes en relación a la superficie o población total, establece las directrices para lograr el desarrollo? Y por supuesto, sabemos que la respuesta es negativa.

Al contar con 41.790 empresas y una tasa de alfabetización del 92,53% podemos demostrar que una de las causas de mayor dinamia económica se basa en la educación y el emprendimiento que existe en Tungurahua; pero no solo se trata de obtener un título académico sino de conocer la realidad de nuestro entorno en el ámbito productivo, comercial, financiero, turístico en el trajinar tecnológico y las nuevas tendencias de un mercado altamente cambiante y competitivo.

Países que no cuentan con amplias superficies son un polo de desarrollo debido a que conjugan correctamente las necesidades de la humanidad con la investigación; así mismo sucede con las empresas de nuestro país, ya que si logramos presentar productos diferentes sin duda alguna lograremos mayor presencia en el mercado.

Aún falta mucho por hacer en la industria del turismo, en el desarrollo de las Bellas Artes, de nuestra historia, cultura, etc para ofrecer a la región las potencialidades correspondientes; sin lugar a duda que siempre se va a requerir seguridad jurídica para establecer nuevas empresas (incluso sin tanta carga impositiva) y seguridad en la movilidad urbana y rural para transportarnos como peatones o en nuestros vehículos para llevar la carga y comercializarla.

Con adecuada gestión de las partes involucradas en estas áreas estaremos contribuyendo a que la provincia de Tungurahua y por supuesto nuestras ciudades, desarrollen verdaderos sitios de vida digna con un aporte de los centros de educación superior en sus procesos investigativos a fin de que ubiquen en el orden del día a los empresarios las tendencias del mercado. (O)

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