Tungurahua con la Orquesta Sinfónica y desde el Palacio Legislativo. 2018 / Pedro Reino

Columnistas, Opinión

Cuando uno se encuentra con ciertos frutos expuestos al público, se imagina en sus plantas, acaso sus árboles y en las tierras de donde proceden. Digamos que la circunstancia de intervenir en el marco del “acontecimiento nacional” a donde ha concurrido el Presidente de la República, los asambleístas, los delegados de la función política del Estado constituye la focalización para que el evento sea visto y oído, -porque así lo permiten las tecnologías actuales- por toda una nación. Esta segunda parte del criterio, para mí es muy trascendente, superando la circunstancia política que nada tiene que ver con la música. Esta vez, la batuta del músico que ha dirigido la Orquesta Sinfónica Nacional, para arrancar el evento, ha estado en manos de un ambateño invitado.

Bueno es recordar que el Director Titular de la Sinfónica Nacional es el Maestro Álvaro Manzano (ambateño); el Director Ejecutivo es otro ambateño: Hernán Vásquez. El Director Invitado, del que estamos realizando este acercamiento es Cristian Naranjo Reino, también ambateño. En el evento fueron obras ejecutadas el Himno Nacional, el Himno a Quito; y una recopilación de las canciones más populares de las provincias del Ecuador.

Cuando he concurrido a las presentaciones musicales en Quito donde Cristian ha tenido que demostrar sus arreglos musicales con la Sinfónica Nacional, siempre ha venido a mi memoria los acarreos de la sangre familiar que saltan en las notas. De mi paso por el Conservatorio Nacional en Quito por cuatro años, me ha quedado la sensibilidad transmitida por el violín y los consejos de mi maestro Miguel León (+). No ha sido tiempo desperdiciado, como diría esa bailarín famoso que los es Wilson Pico, mi compañero de estudios de violín que siempre repetía: el violín me afina el alma para imaginar mis bailes, como esos de hacerlo como un santo cargado de billetes, o dentro de un costal de “cargador” que es muy de la cultura quiteña, y andina ecuatoriana.

Cristian ha estado seguro y aplaudido últimamente en la re-inauguración de la Plaza de San Francisco, dirigiendo un ensamble de bandas y de músicos con la Banda Sinfónica del Cuerpo de Bomberos de Quito, integrada con la Banda Municipal de Quito, con el Coro de la UDLA, el Coro del Teatro Bolívar; integrando a la actuación de Gustavo Velásquez, Karla Karona y el Ballet de Danza contemporánea. Destacable y aceptada por el público fue la interpretación de los temas tradicionales de Quito.

Cristian Alberto Naranjo Reino (1981, nacido cuando asesinaron a Roldós), ya académico, viene de una larga tradición musical autodidacta en sus ancestros profundos. Su Padre es el músico Franklin Naranjo, y su madre es Policarpa Reino Garcés. En las casas de nuestros abuelos, tíos, tíos abuelos, parientes por las dos vertientes de Cristian están: guitarras, violines, bombos, bandolines, requintos, flautas, clarinetes, cuatros, tiples, arpas y discos que algo dicen del pasado ancestral en Cevallos, donde hay que decir que hasta tenemos árboles de capulí que en cada hoja se esconde la música de la tierra. Bajo estos mismos árboles ha sonado la trompeta del Maestro Edgar Palacios, ha cantado el Tenor Hernán Tamayo y sus descendientes.

Hemos comentado las cantatas de Mikis Todorakis y escuchado a todo volumen, en la paz de los atardeceres, junto a una copa de vino, cosas de pentagramas que van quedando en la memoria niña de las nuevas generaciones. Nada viene de la nada. No hay que olvidar que somos eslabones de la sangre, de los tiempos y de la vida. Esperamos que, a la postre, Cristian nos dé nuevos frutos, a más de haber sido el Director de la Banda Sinfónica del Consejo Provincial de Pichincha, de tener la Orquesta “La Familia”, y de tener presente que sus primeros pasos formativos los recibió en el Conservatorio La Merced de Ambato. (O)

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