Prescindibles / Jaime Guevara Sánchez

Columnistas, Opinión

Hay una ley universal inmutable que la mayoría de humanos están destinados a aprender, a olvidar y a responder una y otra vez durante el transcurso de la vida. Esa ley  afirma: “nadie es irremplazable”.

También existe un poderoso corolario: todo el mundo es prescindible. Sospecho que estas leyes son más conocidas que los Diez Mandamientos, y ciertamente son observadas con fervor casi teológico por el poder de turno y la fuerza para hacerlas cumplir.

Es irónico, pero afortunado, que aquellos en cuyas manos está el poder lo tengan solo temporalmente, porque la regla nunca es quebrantada. Un día no muy lejano, los jerarcas que hoy deciden quien prescindible, ellos mismos, también se convertirán en prescindibles y serán reemplazados por otros prescindibles. Eterno circulo vicioso.

Para que el corte de cabezas de los prescindibles tenga repercusión, debe tornarse en evento noticioso predominante, y su cobertura adquirir un ingrediente clave. Sin ese ingrediente la historia se diluye.

El ingrediente es la reacción del público. Hasta que se presente esa reacción, ya sea por información insistente  de los medios, o por visible atención pública de otra clase. El caso de hombres y mujeres despedidos de sus puestos es como ver una avioneta en la pista de un lado a otro sin lograr suficiente velocidad para levantar vuelo.

Lamentablemente, en los círculos del poder convertir en prescindibles a funcionarios que cuando fueron designados se los elogió como profesionales de primera categoría, se ha tornado en lugar común. El “hachazo” va acompañado de calificaciones denigrantes: lo blanco es negro, el inteligente es ignorante, el gigante es enano, el honesto es corrupto… los corruptos, bien gracias.

¿Qué hacen los “despescuezados?” Difundir una serie de entuertos, “peros descomunales” observados personalmente en las actuaciones de los mandos superiores,  de los cercanos confidentes de los  poderosos de turno. Mas, como la palabra de quien está en la cima del poder tiende a dominar el medio ambiente; los “caídos” se alivian con sus comentarios, esperando que otra batalla eleccionaria ocupe sus mentes y los premie con .otra “pega”.

Cruda realidad vigente en el impúdico mundo político. (O)

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