Lentitud en la Justicia / Editorial

Editorial, Opinión

  La Justicia, como expresión de los más grandes valores humanos,  debe cumplir una función protagónica en la vida diaria de los Estados y de los Pueblos;  debe ser la garantía incuestionable de la plena vigencia de los derechos de la gente.

  La realidad  expuesta responde a la necesidad de que existan contrapesos en el ejercicio del Poder, de ahí que en los auténticos sistemas democráticos existen tres Funciones con obligaciones, derechos   y limitaciones establecidos en la Constitución de los Estados. Estas Funciones son la Judicial, Legislativa y Ejecutiva que se controlan. De esta manera se impide el autoritarismo, el abuso y el atropello.

  En Ecuador, lamentablemente,  la administración justicia ha perdido respetabilidad ante el público; nadie confía en ella porque su manejo adolece de deficiencias no solo de forma sino de fondo.  Esta Institución, que es representada con una venda en los ojos, no evidencia imparcialidad en sus actuaciones procesales ni en los fallos.

  En la última década se ha constatado que los fallos, en los que tuvo interés  político el gobernante, fueron dirigidos para sancionar a inocentes y liberar a los culpables. Para vergüenza del país fueron designados jueces y fiscales de bolsillo y obedientes, muchos permanecen intocados en las funciones.

  Existen numerosas denuncias y acusaciones particulares sobre hechos de corrupción, de atracos y de atentados a los derechos humanos que duermen en los despachos.  Por qué tanta lentitud, existe discriminación a favor de los poderosos. Hace falta una profunda transformación con elementos probos y capaces y alejando a los corruptos y obedientes. (O)

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