Rescatar la cultura como acto de identidad

Columnistas, Opinión

Apoyar la cultura de nuestra ciudad no es un gesto superficial ni una moda pasajera, como lo vemos actualmente; es una responsabilidad colectiva que define quiénes somos y hacia dónde queremos ir como sociedad. La cultura no se limita a eventos banales ni a espectáculos vacíos que entretienen por un momento y se convierten en actos bochornosos. La verdadera riqueza cultural se encuentra en aquello que deja huella, en lo que educa, eleva y fortalece la identidad de una ciudad.

Respaldar a los artistas que construyen desde el alma es apostar por el crecimiento consciente de la sociedad. Poetas, escritores, músicos y gestores culturales que trabajan con propósito no solo crean arte, crean pensamiento. A través de las palabras, la música y las expresiones artísticas auténticas, se preservan las raíces, se transmiten valores y se despierta la sensibilidad humana. Ese tipo de arte no busca aplausos fáciles, busca transformar.

Ahora donde el acceso a la información es inmediato y constante, también lo es el acceso al contenido vacío. La sobreexposición a mensajes sin profundidad, letras sin principios y expresiones carentes de sentido ha debilitado el criterio colectivo. Cuando no se cultiva el pensamiento crítico, se corre el riesgo de idolatrar lo superficial y de perder de vista lo verdaderamente valioso. Por eso, formar criterio es hoy una tarea urgente.

Como ciudadanos, existe una responsabilidad ineludible; rescatar los valores a través de la cultura. Promover eventos que resalten la educación, el arte con sentido y las tradiciones que nos definen es una forma de honrar la historia y proyectar un futuro más consciente. No se trata de rechazar lo moderno, sino de no permitir que lo vacío desplace lo esencial.

Las festividades que se acercan representan una oportunidad invaluable para elegir con conciencia. Convertirse en entes responsables implica preguntarse qué tipo de mensaje se desea transmitir y qué legado se quiere dejar. Una ciudad que venera su cultura se convierte en ejemplo para otras, no por ostentación, sino por las personas educadas que lo respaldan.

Honrar el lugar que vio nacer a una persona es también cuidarlo, respetarlo y representarlo con dignidad. La cultura no se impone, se vive. Y cuando una sociedad decide apostar por el arte que educa, por la palabra que construye y por las expresiones que elevan, comienza a fortalecerse desde su esencia. Porque una comunidad que cuida su cultura, es una sociedad con identidad propia que apunta a un futuro prometedor. (O)

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