Nuestra química cerebral II

Columnistas, Opinión

La semana anterior habíamos iniciado una útil y comprensible exploración de nuestra química cerebral comentando acerca de la dopamina, la “molécula de la felicidad”, que brinda placer, satisfacción e impulsa a repetir acciones que lo provoquen. Ayudando también a mantener el enfoque y la concentración en tareas importantes. Influye en la regulación del ánimo, el bienestar y la sensación de dicha. Pero depende de como la administremos para que la dopamina sea el químico que determine si perseguimos nuestros sueños o si nos enredamos en distracciones de placer efímero y banal. O la controlamos o somos controlados por la dopamina.

Ahora hablemos de la “hormona del estrés”. El cortisol que, aunque nos salva en un estrés ocasional, accidental puede convertirse en nuestro mayor enemigo invisible. El estrés agudo en sí, no es malo, en pequeñas dosis más bien nos hace más fuertes, es lo que nos permite rendir bajo presión y nos da energía en situaciones extremas. El problema es la liberación del cortisol crónico, el que se mantiene elevado constantemente. Y aquí está la verdad catastrófica. La mayoría de nosotros en este mundo moderno vivimos con niveles de cortisol peligrosamente altos y ni siquiera lo sabemos. Las señales, dificultad para dormir, irritabilidad constante, fatiga, problemas de concentración, cansancio crónico, falta de lívido, ansiedad, depresión, dolor de cabeza, presión arterial alta, azúcar en sangre elevados, problemas digestivos, acné y debilidad muscular, baja las defensas presentando alergias, resfríos frecuentes, sensación de estar constantemente en modo supervivencia.

El cortisol alto nos convierte en personas débiles porque destruye nuestra capacidad de tomar decisiones racionales, mata nuestra creatividad, aniquila nuestra energía y literalmente congela las áreas de nuestro cerebro responsables de la memoria y el aprendizaje. Tenemos el sueño perturbado, comemos mal, no descasamos adecuadamente. Y luego nos preguntamos, ¿por qué no tenemos energía para perseguir nuestras metas?

Pero hay quienes respetan al cortisol y entienden que el estrés es una herramienta, no un estilo de vida. Hay estrés que nos hace crecer y estrés que nos destruye El ejercicio intenso libera cortisol temporalmente, pero lo reduce crónicamente, pero la clave es que debe ser diario y no esporádico. caminar, trotar, nadar o andar en bicicleta durante 30 a 45 minutos al día todos los días ayuda a liberar endorfinas y reduce el cortisol. Otra crucial estrategia es el ritual sagrado del sueño. El cortisol se dispara cuando no dormimos. Si dormimos menos de 7 horas constantemente, estamos saboteando todo lo demás que hagamos al día siguiente. Se debe crear un ritual nocturno y no es negociable. Mismo horario, habitación oscura, sin pantallas ni exposición a luces una hora antes es vital para el equilibrio hormonal. Además, la respiración. Cinco minutos de respiración profunda al día pueden reducir nuestro cortisol hasta en un 25%. Inhalar por 4 segundos, mantener por cuatro, exhala por seis. Las relaciones tóxicas, las noticias negativas constantes, la búsqueda de aprobación o gratificación, así como la indignación de noticias basura de las redes sociales, el drama innecesario eleva nuestro cortisol. No crecemos, no conquistamos, no vivimos, solo sobrevivimos. Seguiremos con el siguiente neuroquímico. (O)

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