Esperanza firme

Columnistas, Opinión

Al haber cerrado este 2025, el tiempo nos mira con la severidad de quien ha visto demasiado y, aun así, nos concede la gracia de comenzar de nuevo. El fin de año no es solo un cambio de calendario, es una pausa ética, un acto moral para preguntarnos quiénes somos y qué decidimos ser como país, como familias, como trabajadores y como sociedad.

Un Ecuador herido, sumergido en un eterno círculo vicioso entre épocas de bonanzas saqueadas con engaños y falsas ilusiones y épocas de crisis social, económica, moral, laboral y de inseguridad. Promocionados por gobiernos de falsa igualdad estamos viviendo bajo la sombra del miedo, la zozobra y la degradación cultural. 

Este mensaje es de esperanza firme, no ingenua, pues la esperanza no niega el dolor, lo enfrenta. No promete milagros, exige coraje, acción, enfoque, disciplina, sacrificio, esfuerzo, perseverancia, método, orden. Si supiéramos cuántas oportunidades mueren por un solo día de pereza, de comodidad, de miedo, de falta de acción y de postergación, Si nos sacudiríamos y saliésemos de ese cuarto oscuro de domesticación al cual estamos sometidos, tapados los ojos con una venda de quemeimportismo al conocimiento, engullidos por el monstruo del conformismo y del facilismo, sería otra historia, no esperaríamos nada de nadie, no echaríamos la culpa a nadie, desaparecerían las excusas, se extinguiría la envidia y el odio hacia quien decidió levantarse como un soldado y no quedarse acostado como un prisionero de las circunstancias. ¿Quiénes somos? La respuesta no la decimos con palabras. La respuesta está en lo que hacemos cuando el mundo está dormido en la comodidad, en las redes sociales, en el facilismo. Si estaríamos conscientes de cuántas oportunidades mueren por un solo día de pereza, nos entrenaríamos como si fuera el último día de nuestras vidas. No fuimos creados para aceptar lo mínimo. Que este 2026 sea el año que permitamos salir a ese guerrero que está dentro de cada uno de nosotros. Para ser imparables necesitamos una mentalidad indomable, que no negocie con la flojera, que no quiera estar en la ignorancia, dominada por encantadores basuras que su único sueño es seguir en la politiquería usurpando las arcas fiscales, una mente que se levante teniendo objetivos académicos altamente calificados y que no viva del lamento y la victimización. Reemplacemos envidia hacia el exitoso, que, con propósito, sudor y en silencio cosechó logros, por carácter para cambiar y empezar, pues nuestra vida no va a cambiar con un milagro, va a cambiar con acción persistente, rutinaria y brutal. Si sembramos disciplina cosecharemos resultados. Si sembramos esfuerzo, cosecharemos crecimiento. Si sembramos excusas, cosecharemos arrepentimiento y quejas.

En nuestros hogares, el año nuevo debe ser un pacto silencioso para cuidarnos mejor, escucharnos más y recordar que el amor cotidiano también es resistencia. Es el refugio donde recargamos el corazón. Es la que sostiene nuestras ausencias y multiplica nuestras presencias. A ella le debemos paciencia y verdad, porque allí nace la fuerza que luego llevamos al mundo.

El año nuevo nos llama a recuperar la confianza, a defender la vida, la justicia y la paz
como responsabilidades compartidas. ¡Feliz año 2026 a todos! (O)

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