ENFIESTARTE

En la historia de la escena independiente del Ecuador, Ambato, con todos sus referentes en cada género y disciplina artística, ha marcado pauta dentro de los espacios culturales a nivel nacional.
Han existido artistas de altísimo nivel; gente profundamente talentosa, con el potencial de internacionalizar sus procesos creativos.
Hemos vivido décadas de bonanza en la escena independiente, a pesar de las múltiples dificultades que, en muchos momentos, han limitado la posibilidad de creer que, juntos, sí podríamos impulsar una industria cultural y creativa consolidada y duradera.
Dentro de este análisis, es importante reconocer que, en 2025, la industria de medios y entretenimiento en Latinoamérica superó los 55 mil millones de dólares, con una tasa de crecimiento aproximada del 9,4%. Este dato no solo refleja cifras económicas, sino una reconfiguración del poder cultural.
Lo que se mueve detrás de esos millones no son únicamente “nuevos ricos”, sino también la posibilidad de que millones de personas dejen de elegir carreras tradicionales por falta de opciones o por cumplir expectativas ajenas, y comiencen a apostar por aquello que realmente les apasiona y les hace felices. Se trata, en el fondo, de abrir caminos para que la creatividad impulse el desarrollo del siglo XXI, desarrollo que todos deseamos.
Hoy, los principales motores económicos del sector son el streaming OTT, con un crecimiento proyectado del 10,36% anual entre 2025 y 2033; la publicidad digital potenciada por inteligencia artificial, cada vez más personalizada y capaz de interpretar gustos en tiempo real; la convergencia de formatos, que integra lo musical, lo audiovisual y las experiencias de performances y procesos en vivo; y la descentralización del poder creativo, donde ya no es imprescindible habitar una gran metrópoli para trascender, sino ser auténtico, constante y profundamente comprometido con un proyecto propio que fortalezca tu identidad.
Según datos de la CEPAL, las industrias creativas en Latinoamérica y el Caribe representan alrededor del 2,2% del Producto Interno Bruto regional, superando los 120 mil millones de dólares anuales en el impacto más amplio de la llamada “economía creativa”.
Sin embargo, dentro de este escenario alentador, en Ambato vivimos una realidad distinta: muchas veces confusa y agotadora. Cuando alguien decide producir un evento, un concierto, un proceso creativo o un festival, se enfrenta a una infinidad de permisos y procesos burocráticos que, en lugar de fomentar la inversión privada, la desalientan.
Aun así, con paciencia y convicción, se siguen sosteniendo espacios para el arte, la cultura y la creatividad en ciudades que anhelan encuentro, disfrute, reflexión y libertad. Porque, aunque el camino sea cuesta arriba, Ambato es también una de las pocas ciudades del Ecuador que cuenta con una Ordenanza de Cultura construida desde sus propios actores culturales, pensada para que las autoridades comprendan, de una vez por todas, que la cultura activa la economía, no la paraliza. Y que es urgente diferenciar entre micro, meso y macro eventos al momento de gestionar permisos.
En este contexto, festivales como ENFIESTARTE no son únicamente eventos: son actos de resistencia, plataformas de proyección y espacios de construcción colectiva. Son la prueba de que la cultura no solo sobrevive, sino que insiste, se transforma y propone en colectivo. (O)
