El sabor del fogón

Interculturalidad

En las zonas rurales de la provincia, el humo no solo anuncia comida; anuncia comunidad. Un recorrido por las cocinas comunitarias donde el fuego a tierra es el corazón de las festividades.

En la zona rural de Tungurahua, ninguna fiesta patronal, boda o bautizo está completa sin el aroma a eucalipto quemado y el vapor denso que emana de las ollas. Detrás de este banquete no hay grandes estufas industriales, sino las manos expertas de las mujeres rurales, quienes mantienen viva la tradición de la cocina en leña, un saber ancestral que resiste al paso de la modernidad.

Cocinar para cientos de invitados es una coreografía de resistencia. Las jornadas empiezan antes del alba, cuando las «mamas» se reúnen en cobertizos de madera y adobe. Allí, el fuego a tierra no es solo una fuente de calor; es un espacio de diálogo intercultural donde se comparten secretos sobre el punto exacto de la cocción y se transmiten historias de generación en generación.

Esta tradición, profundamente arraigada en parroquias como Quisapincha, Pilahuín o Ambatillo, u otras rurales de los cantones Tungurahua resalta el rol fundamental de la mujer como guardiana de la soberanía alimentaria y la identidad cultural. En estos espacios, la comida se sazona con el esfuerzo colectivo, demostrando que en la ruralidad de Tungurahua, alimentarse es, ante todo, un acto de amor y comunidad. (I)

Deja una respuesta