El rugido del cartón

Las calles de Píllaro fueron el escenario de una de las manifestaciones de resistencia cultural más potentes del Ecuador: la Diablada Pillareña. Más que un desfile, fue un estallido de identidad donde el cartón piedra, el engrudo y los cuernos naturales cobran vida para desafiar el orden establecido.
Las máscaras, protagonistas absolutas, son piezas únicas de artesanía que fusionan lo grotesco con lo solemne. En esta edición, destacan rostros rojos de facciones feroces adornados con colmillos y aros, junto a representaciones caricaturescas del mestizaje que, con narices prominentes y expresiones burlonas, rememoran la sátira indígena hacia la colonia.
Cada pieza es un testimonio de semanas de trabajo en los talleres locales, donde el secreto de la técnica se hereda como un tesoro familiar.
El «diablo» de Píllaro no representa el mal, sino la libertad. Entre el estruendo de las bandas de pueblo y el ondear de capas negras y rojas, los danzantes reclaman su espacio histórico.
Esta danza es un diálogo intercultural vivo; una mezcla de mitología andina y elementos contemporáneos que asegura que, mientras haya un latido en Tungurahua, la máscara seguirá siendo el rostro del orgullo pillareño. (I)
