El latido milenario

Tungurahua no solo destaca por su empuje comercial, sino por ser la cuna de pueblos originarios que han sabido amalgamar la modernidad con la herencia ancestral.
A través de la vestimenta, la lengua kichwa y la relación sagrada con la tierra, las comunidades indígenas de la zona mantienen viva una cosmovisión que resiste el paso del tiempo.
Este reportaje visual captura la esencia cotidiana de quienes, desde los páramos de Pilahuín hasta los telares de Salasaca, construyen un Ecuador plurinacional. La interculturalidad aquí no es un concepto teórico, es una práctica diaria de resistencia y orgullo identitario.
Más allá del folclore, estas comunidades demuestran una organización política y económica ejemplar a través de la minga, motor del desarrollo local.
En un mundo globalizado, Tungurahua ofrece una lección de interculturalidad viva: aquí, ser indígena es sinónimo de orgullo, trabajo y una conexión inquebrantable con la tierra que los vio nacer. La identidad, en estas latitudes, es el tejido que sostiene el futuro del Ecuador plurinacional. (I)
