El gorila en la sala de urgencias

Un curso de milagros (UCDM) es una obra que, de principio a fin, desafía los cimientos de nuestro sistema de pensamiento. Nos reta constantemente a cuestionar cada una de nuestras creencias hasta que estemos dispuestos a desprendernos de todas ellas. Es un libro incómodo porque a cada momento nos exige salir de la zona de confort; es retador porque nos insta a despertar del automatismo; y es, para muchos, incomprensible, pues opera desde la metafísica de la mente y no desde la lógica del mundo. UCDM es, en esencia, un profundo proceso de transformación mental.
Paradójicamente, tras esa aparente complejidad, el libro solo persigue un fin: que encontremos el camino hacia la paz definitiva. Nos conduce a descubrir, mediante la práctica y la revelación, que el mundo que habitamos es un sueño, una ilusión fabricada por la mente, una proyección de nuestras propias creencias.
Y sí, entiendo que este concepto de “ilusión” sea quizás difícil de digerir. La resistencia es natural: si puedo ver, tocar y sentir el mundo, ¿cómo podría ser un sueño? Parece imposible. La explicación, más sencilla de lo que imaginamos, radica en la mente que es la que manda y crea; los cinco sentidos actúan como simples testigos que dan fe de lo que la mente ha proyectado previamente. Al estar nuestro subconsciente saturado de juicios, creencias y verdades «talladas en piedra», es eso lo que proyectamos y vemos afuera. Al «formatear el disco duro» y liberar esos prejuicios, la mente queda despejada para recibir una nueva información: la visión que aporta una paz inalterable.
Considere esta analogía: los espectadores de una película cualquiera solo la miran desde sus asientos, saben que es una proyección, que no es real. Sin embargo, en la película de la vida, nos hemos identificado tanto con ella que participamos activa y directamente como protagonistas, sufriendo cada escena como si fuera propia y real. Vivimos sumergidos en una ilusión.
Una ilusión tan vívida como la siguiente. En el año 2001, durante el rodaje de El planeta de los simios, el actor Michael Clarke Duncan sufrió una caída y fue trasladado de urgencia al hospital más cercano vistiendo aún su imponente y realista traje de simio. Al ingresar, los presentes, atónitos, no veían a un actor herido, veían a un enorme gorila en silla de ruedas avanzando por el pasillo. Por unos instantes, para esas personas, el gorila era «real».
El cine tiene el poder de crear estas ficciones, pero a veces la ilusión se escapa del set y se filtra en nuestra percepción de la realidad.
UCDM nos recuerda que nuestra naturaleza es la de ser Hijos de Dios, luz y paz eternas. ¿Qué podría amenazarnos? Absolutamente nada, excepto, nosotros mismos, porque mientras sigamos eligiendo el sueño, nuestra mente continuará percibiendo inventos y fantasías… tan irreales, pero tan convincentes como la del gorila en la sala de urgencias. (O)
