Cuando el Estado olvida, la academia construye

En un panorama nacional donde la infraestructura deportiva languidece bajo el peso del olvido estatal, es necesario volver la mirada a la realidad del país: Centros de Alto Rendimiento convertidos en elefantes blancos y provincias como Esmeraldas, cuna de campeones, cuyos escenarios se caen a pedazos. En este contexto de desidia centralista, Tungurahua se erige como una excepción brillante. No es obra del azar, sino de la visión de instituciones que entienden el deporte como un pilar social innegociable.
La reciente cristalización de las mejoras en el Estadio Indoamérica Bellavista, coronada por la imponente construcción de su nueva visera y otros servicios, representa un hito que trasciende el cemento y el hierro. Es imperativo resaltar la generosidad de la Universidad Indoamérica, liderada por el Ph.D. Saúl Lara. En un acto de compromiso civil sin precedentes, la academia ha dado un paso al frente allí donde el Estado ha retrocedido. Mientras los organismos públicos limitan su acción al gasto corriente —sueldos y burocracia—, esta alianza inyecta una cifra histórica que ronda el millón trescientos mil dólares.
Pero la inversión no es solo física. El componente humano es lo que hace a este convenio algo único en el país: 200 becas de estudio para los deportistas de la Federación Deportiva de Tungurahua (FDT). Ninguna federación provincial ha logrado jamás un acuerdo de esta magnitud, asegurando que el atleta no solo brille en la cancha, sino que se prepare para los desafíos de la vida académica y profesional.
Este logro, sin embargo, no nació del vacío. Es de estricta justicia reconocer a los gestores de la administración anterior de la FD, Jorge Jarrín. Resulta paradójico que dicho directorio fuera intervenido bajo el argumento de un «peligro inminente de daño del patrimonio». Hoy, los hechos desmienten esa narrativa oficialista: lo que la intervención calificó como riesgo, la gestión previa lo trabajó como progreso. Mientras quienes entregan los recursos los destinan apenas a la nómina, fueron estos directivos quienes sembraron la semilla de este convenio.
A la Universidad Indoamérica y al Ph.D. Saúl Lara, nuestra gratitud eterna por creer en nuestra juventud. Al directorio anterior, el reconocimiento por priorizar la dignidad del deportista sobre las presiones políticas. Hoy, el Estadio Bellavista luce más que una nueva cara; luce la prueba de que, cuando hay voluntad y manos limpias, el deporte siempre gana. (O)
