Tecnología sí, resultados también 

Columnistas, Opinión

Hace unos días, el Ministerio de Salud Pública del Ecuador presentó una plataforma que promete conectar hospitales y centros de salud, organizar citas y reunir historias clínicas. La noticia suena alentadora. Basta haber acompañado alguna vez a un familiar a una consulta para entender cuánto podría ayudar un sistema que evite repetir exámenes, buscar papeles o contar la misma historia en cada ventanilla.

El proyecto, a cargo de CNT y la empresa italiana Dedalus, contempla integrar progresivamente 1.742 establecimientos públicos. Su contrato alcanza los 240 millones de dólares durante siete años. El 19 de octubre se presentó un prototipo en Quito y se anunció una primera etapa de prueba en seis establecimientos. Es una inversión considerable y, precisamente por eso, merece preguntar qué recibirá el paciente a cambio.

Me interesa la tecnología y conozco que un software bien diseñado puede ahorrar tiempo, reducir errores y facilitar decisiones clínicas. Pero también sé que instalar un programa no equivale a mejorar la salud. Una pantalla puede registrar la escasez de un medicamento, pero no hace aparecer la medicina en farmacia por arte de magia. Y organizar mejor las citas no resuelve, por sí solo, la ausencia de especialistas.

Por eso quisiera que, junto con las fechas de implementación, se publiquen resultados que cualquiera pueda entender: cuánto espera un paciente para conseguir una cita, cuántas veces debe repetir un examen y cuánto tarda en recibir atención. Primero habría que medir la situación actual y después comparar, hospital por hospital y provincia por provincia. Sin esa referencia, cualquier mejora corre el riesgo de quedarse en una promesa difícil de comprobar. La idea no es exigir perfección desde el comienzo, sino transparencia para corregir lo que falle.

Hay otra preocupación que no debería pasar inadvertida. Una historia clínica guarda diagnósticos, tratamientos y detalles íntimos que nadie quisiera ver circulando sin control. Integrar esos datos exige protegerlos. No se trata de elegir entre atención rápida y privacidad: necesitamos ambas. La ley ecuatoriana ya establece obligaciones de confidencialidad para la información de salud; por lo que sería razonable explicar quién tendrá acceso a esos datos, cómo se protegerán y quién responderá si ocurre una filtración.

La Asamblea Nacional resolvió fiscalizar el contrato. Ese seguimiento debe abarcar tanto el gasto como la calidad del servicio. No partimos de cero: antes se anunció un acuerdo con Healthbird para modernizar hospitales, pero aquella iniciativa no superó la fase piloto en la red del Ministerio de Salud. Recordarlo no significa que esta vaya a fracasar; significa que hay motivos para pedir resultados.

Quisiera que el proyecto funcionara. Sería un avance real que un paciente ambateño viaje a otra provincia y sea atendido sin llevar sus papeles bajo el brazo. Sería un cambio pequeño en apariencia, enorme para quien necesita atención.

No se trata de celebrar o desconfiar de una pantalla. Se trata de comprobar si, detrás de ella, hay menos espera, más continuidad médica y mejor trato. La tecnología habrá cumplido su propósito cuando lo note el paciente, no cuando lo anuncie una autoridad.

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