¿Quién cuida a la madre?

Columnistas, Opinión

El nacimiento de un bebé transforma la dinámica familiar e inaugura a la madre a un periodo de cambio hormonal, físico, psicológico y emocional. 

La recuperación del parto, el cambio del sueño, la lactancia y las nuevas responsabilidades generan inmenso desgaste. Entonces, contar con una red de apoyo no es un privilegio, sino un recurso esencial para el bienestar materno y del recién nacido.

Apoyo real es la disponibilidad de otras personas para ofrecer ayuda emocional, económica y física. Una revisión sistemática publicada en 2024 en la revista BMC Psychology, analizó once estudios y encontró que las mujeres con mayor soporte social presentaban mejores condiciones psicológicas y de recuperación en el posparto, menos depresión y ansiedad y el bebé se encontraba en mejor estado. Se demostró que la ayuda no eliminaba el riesgo de dificultades emocionales, pero que sí era un recurso importante para afrontarlas. 

Acompañar a una madre es más que preguntarle cómo está o felicitarla por el nacimiento, supone ofrecer ayuda concreta: preparar comidas, compartir las tareas del hogar, cuidar al bebé para que ella pueda descansar y escucharla sin minimizar sus sentimientos. Estas acciones distribuyen la carga y le permiten recuperarse más rápida y fácilmente.

La OMS plantea en su guía de 2022 sobre atención posnatal, que toda mujer y su recién nacido deben recibir: información, tranquilidad, buena alimentación y apoyo de forma constante, y que esa atención debe cubrir tanto la salud física como mental. Esto implica reconocer que el bienestar materno no depende solo de su capacidad individual, sino también de las condiciones y los recursos de su entorno. 

Entones, conviene cuestionar la creencia de que una buena madre debe poder con todo. El cansancio no mide el amor hacia un hijo y pedir ayuda no es señal de incapacidad. La maternidad no debe vivirse en aislamiento, con la mujer obligada a responder sola cada demanda del niño, de ella misma y del hogar.

La pareja, la familia y las amistades deben contribuir a un entorno más favorable, respetando las decisiones y necesidades de la madre. 

Si aparecen tristeza, debilidad, sueño, ira persistente, ansiedad intensa u otras dificultades importantes para desenvolverse en la vida cotidiana, es necesario buscar orientación profesional.

Cuidar a un recién nacido exige mucho tiempo y esfuerzo. Una sociedad inteligente reconoce el desgaste de las madres y que cuidar a los bebés implica cuidar de ellas también.

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