El tercer sector en reactivación

En nuestra línea de diálogo con usted apreciado lector, hemos dado cuenta de que el mundo se encuentra en nuevos paradigmas culturales como efecto de los cambios geo políticos y de procesos productivos laborales, sin embargo, es el momento de acercarnos juntos a ver como se configura la sociedad, ese despliegue humano del que todos venimos y todos somos parte.
Hay disciplinas científicas y técnicas que observan la sociedad de acuerdo a su objeto de estudio, sin embrago en las especialidades de las ciencias humanas y la sociología cultural que es nuestra disciplina desde la cual abordamos este tema, se encuentran corrientes económicas e históricas que básicamente para efectos metodológicos del todo social miran, clases sociales, piramidal ricos, medios y pobres, sectores sociales como el privado, público y tercer sector, nos detendremos en esta última definición.
Si bien la sociedad es anterior a la formación del estado el cual es la institución que la sociedad define para organizar y estructurar las relaciones de las personas y sus contradicciones, esta misma sociedad tiene antecedentes de organización en lo que hoy es el Ecuador, ciudad y provincia tiene antecedentes en la filantropía en aquellas personas que con capacidad patrimonial, financiaron e impulsaron cambios en el todo social.
La hacienda, organizaciones de migrantes, la iglesia, las asociaciones civiles, los sindicatos, han sido protagonistas estos dos últimos siglos en la marcha de nuestra sociedad, sin embargo, no siempre han sido estudiadas, sistematizadas, balanceadas y reconocidas por el estado con una normativa apropiada y versátil que les permita crecer, ampliarse y profundizar el carácter de su servicio y la lectura del sector o el todo social en que trabajan.
Cuando la racionalidad occidental entró en aguda crisis desde los años setentas las fundaciones y corporaciones cobraron mayor importancia y su papel ha aumentado en varios lugares del país. Sin embargo, a partir de la fase del estatismo (2005-2017) las organizaciones sin fines de lucro que conforman el tercer sector fueron estigmatizadas, lejos de que el estado responda con la normativa adecuada, fue la normativa y la reglamentación precisamente el instrumento para estigmatizarlas y acosarlas.
Hoy, el experimento de los gobiernos autónomos ha demostrado no ser la panacea y el momento electoral busca un cambio administrativo local, el sector privado, público y social expresado en las organizaciones del tercer sector deben encontrarse nuevamente, para enfrentar los retos de los nuevos paradigmas tecnológicos, laborales y culturales, en una gestión creativa como se lo ha señalado desde algún tiempo de manera inter sectorial e inter institucional.
