Farmear aura

En el colegio tenía un compañero que (me consta) no hacía mayor esfuerzo por estudiar y sus notas siempre eran excelentes, todas sin excepción, y lo mejor: nunca hizo gala ni presumía su talento. Y precisamente ese misticismo era lo que cautivaba poderosamente su personalidad. Tal vez, sin quererlo, estaba farmeando aura.
En la universidad tuve un profesor que nos parecía una verdadera enciclopedia andante y hasta llegamos a pensar que era una eminencia. Solo que, a diferencia de mi compañero, a este sí le gustaba ver reflejado en los ojos de sus alumnos su Narciso rostro. Un día, su limitado repertorio académico se le acabó y esa “vasta sabiduría” se estrelló en la patética repetición de las pocas clases que había memorizado. De pronto, la grandilocuente imagen de exquisito farmeador de aura se apagó y aunque quiso recuperarla, nunca lo consiguió.
Pero los farmeadores de aura no son casos aislados como este par, de hecho, en la historia de la humanidad no ha habido quien no haya hecho méritos por destacar con poco esfuerzo, por resultar interesante sin parecer demasiado interesado en conseguirlo y por hacer cosas que aumenten ese capital invisible de carismático seductor; en definitiva, prácticamente no ha habido persona que no farmee aura.
El rey Luis XIV, Napoleón Bonaparte, Julio César, Alejandro Magno, Cleopatra, Pedro el grande, y más contemporáneos como: Salvador Dalí, Michael Jackson (de hecho, todo artista de farándula), Steve Jobs, Truman Capote y liderando el top ten: Donald Trump y Rafael Correa, todos lo han hecho y todos lo hacemos en mayor o menor medida, sí, hasta usted, estimado lector o, acaso ¿no ha pedido (o ha querido) alguna vez tomarse una foto “así, como que no es conmigo” y posar discretamente con aires de pensador furtivo viendo al infinito?
Y si bien hoy “farmear aura” es un término de moda acuñado en las redes sociales [farmear viene del inglés farming (cultivar) y aura del griego aura (atmósfera, energía)], el espíritu de su significado, sin embargo, siempre existió con otros nombres: gracia, presencia, seguridad, estilo, elegancia, distinción, etc.
Desde el punto de vista de la temporalidad, la diferencia está en que antes no todos podían hacerlo porque se requería un complejo contexto comenzando por el hecho de ser alguien muy especial como un rey, por ejemplo, con palacio y corte incluidas; o, un artista hábil y ampliamente conocido; o, al menos, alguien con escenario y espectadores. Hoy, cualquiera puede farmear aura con solo grabarse bailando desde su teléfono celular y recibir miles (sino millones) de likes.
Por eso, quizá lo verdaderamente llamativo al farmear aura sea el haber transformado lo que hace tiempo se hacía en relativo silencio en una ruidosa, temeraria y desalmada competencia de likes. Y sí, a eso le podemos llamar farmear aura, pero jamás elegante, distinguido o con estilo.
