Profetas fuera de su tierra

Esta semana, las miradas de buena parte del mundo están puestas en las Naciones Unidas. Del 22 al 28 de septiembre, se desarrolla el octogésimo primer período de sesiones de la Asamblea General, bajo el lema Restaurar la confianza, gestionar la transformación. La diplomacia se concentra en Nueva York.
En este marco, hay un hecho que pasa desapercibido y que debería llamar la atención. Ocho personas aspiran a suceder a António Guterres en la Secretaría General de este organismo: cinco mujeres y tres hombres. Entre ellas hay dos ecuatorianas: María Fernanda Espinosa e Ivonne Baki. Ninguna fue postulada por Ecuador.
Espinosa fue presentada por Antigua y Barbuda. Su trayectoria en Naciones Unidas incluye la presidencia de la Asamblea General entre 2018 y 2019; además, fue canciller y ministra de Defensa. Baki, por su parte, fue postulada por el Reino de Tonga y ha representado al Ecuador como embajadora en Estados Unidos, Catar y Francia. Dos trayectorias distintas que encontraron países dispuestos a respaldarlas.
Hasta ahora, el Gobierno de Daniel Noboa no ha expresado su apoyo a ninguna y no está obligado a hacerlo. La política exterior no es un campeonato donde basta compartir la nacionalidad para vestir automáticamente la misma camiseta. Un Estado debe considerar méritos diplomáticos antes de comprometer su respaldo.
Aquí aparece una realidad muy nuestra: las diferencias de la política suelen contaminar la valoración de una trayectoria internacional. Espinosa ocupó altas funciones durante el gobierno de Rafael Correa; Baki ha desempeñado responsabilidades durante gobiernos de distintas tendencias. Eso puede generar simpatías o resistencias, aunque no deberían borrar los méritos construidos durante años. Una trayectoria no desaparece cuando cambia el primer inquilino de Carondelet.
Antigua y Barbuda encontró razones para postular a una ecuatoriana; Tonga hizo lo mismo con otra. Ecuador, hasta ahora, no ha definido públicamente una posición. El Ejecutivo no está obligado a respaldar a ninguna, pero la presencia de dos compatriotas entre ocho aspirantes a dirigir una organización integrada por 193 estados merece, al menos, un poco de atención.
Nadie es profeta en su tierra, recuerda el viejo y oportuno adagio. Dos ecuatorianas encontraron fuera del país el respaldo para aspirar a uno de los cargos más importantes de la diplomacia mundial. Este hecho, poco difundido, deja una lección: el mérito debe medirse por la trayectoria, no por la camiseta política. (O)
