Retroceso educativo

Los resultados adversos en las pruebas PISA en Ecuador colocan al Estado, junto con sus políticas educativas, como responsables directos, lo que hace imperativas las reformas estructurales enfocadas en mejorar el aprendizaje en las tres áreas del conocimiento donde el rendimiento estudiantil fue deficiente. Estas pruebas no hacen más que evidenciar la falta de un Plan Nacional de Educación que defina la ruta, los retos y las metas del sector para un período determinado, y que garantice el derecho fundamental, inclusivo y accesible al sistema educativo sin distinción económica. Asimismo, contar con un currículo actualizado que promueva la calidad de la enseñanza mediante estándares académicos y competitivos, junto con el fomento de la innovación, facilita la permanencia de los alumnos hasta la educación superior con un enfoque territorial que reconozca las necesidades, saberes y particularidades de las distintas regiones del país.
Aunque existieron intenciones de dar continuidad al Plan Decenal de Educación 2006-2015, estas se quedaron en borrador. Dicho documento fue trabajado en el 2016 por la Red de Maestros cuando el gobierno de Correa estaba por concluir; el mandatario incluso manifestó que “en el 2018 tendremos uno de los mejores sistemas educativos de América Latina y del mundo” (Periódico Opción, 30/03/2024). Sin embargo, nada de eso sucedió. El sistema ecuatoriano obtuvo bajos resultados, tal como lo reflejan las evaluaciones internacionales. Los problemas son muy anteriores a la pandemia; esta solo contribuyó a agravarlos.
El 22 de febrero de 2024, se reunieron la CAF, OEI, UNESCO y UNICEF en Quito, para inaugurar el proceso participativo para la construcción del Plan Nacional por la Educación 2025-2040. El ministro de Educación de aquel momento declaró en el encuentro: «El Plan Nacional por la Educación es un trabajo en el que juntos y juntas vamos a poder definir cuál es la educación que queremos para nuestro país… Debemos construir una política que vaya por encima de nosotros y de las circunstancias históricas; una política por el nuevo Ecuador». A pesar de estas declaraciones, nunca hubo un pronunciamiento oficial sobre el anunciado Plan que al parecer también se quedó estancado.
Ante este resultado, calificado como histórico retroceso educativo; el ministerio de educación con sus autoridades, se han limitado a informar sobre “acciones prioritarias en el sistema educativo”, a saber: fortalecer materias para potenciar la comprensión lectora, matemáticas y ciencias; capacitar a los docentes en metodologías modernas y retroalimentación constructiva; actualizar el currículo con planes de estudio orientados al desarrollo de competencias prácticas junto al uso de herramientas digitales; y reducir la brecha social para disminuir la segregación y la desigualdad de recursos entre las escuelas urbanas y rurales.
Asimismo, ante la crisis expuesta por las pruebas PISA, los padres de familia deben involucrarse de manera activa en el proceso educativo. Esto implica supervisar las tareas, revisar los avances académicos, mantener una comunicación constante con la institución, compartir momentos de lectura para mejorar la comprensión de textos, impulsar el pensamiento crítico y controlar el uso de la tecnología. En conclusión, este retroceso educativo responde a una crisis estructural de más de una década. Por ello, se vuelve urgente la construcción de un plan nacional de educación de largo plazo que involucre a los sectores productivos, académicos, docentes y al núcleo familiar. (O)
