Incendios forestales

Columnistas, Opinión

Por esta época del año, en los meses de  julio agosto, época de vacaciones de verano, suele calentarse el suelo en los  días soleados en sectores donde hay vegetación seca y producirse incendios, muy en especial, en las zonas montañosas, y es así que conducía hacia la ciudad de Quito  y por el sector de la avenida Simón Bolívar se podía divisar algunos incendios forestales,  hacia el norte sector de la bota,  en el Comité del Pueblo,  en las laderas cercanas a la avenida Simón Bolívar, sector del  Itchimbia, yo pensaba que era solo por estos sectores, pero también en el Cantón Ambato se han registran incendios por el caserío Laquigo, y en el caserío Punguloma.    

Esta serie de incendios forestales que azotan nuestro entorno, algunos visibles, por las noches, en el cordón montañoso que nos circunda. Unos, producto del cambio climático universal otros por la indolencia de algún ciudadano falto de imaginación, pirómanos que nunca faltan, han puesto en alerta a los Bomberos, Cruz Roja, militares, socorristas, brigadistas, voluntarios, en fin, en primera línea tratando de combatir el fuego. Y las instituciones llamadas a su prevención aplicando sus planes de contingencia. Y esto debería partirse desde lo local, esto es, desde las comunidades cercanas a zonas sensibles como son nuestros espacios verdes, páramos, colinas y cerros, afectados por el incendio forestal. Los gobiernos cantonales, parroquiales y las comunidades deben tener su propio plan de contingencia, ante un incendio forestal, de tal manera que se sepa qué hacer hasta que llegue el apoyo logístico y técnico. Ayudaría mucho. Pero, la necesidad de construir una cultura ambiental, es un clamor. Una cultura ambiental que defina un incendio forestal como un atentado a la vida; que entienda que cada ser vivo que sucumbe en un incendio forestal, por minúsculo en apariencia, es parte de la cadena de supervivencia y con derecho a existir; cultura ambiental, debe iniciarse en el hogar, afianzarse en el sistema educativo y consolidarse en la comunidad.

Así, con imaginación, poder vislumbrar la infinidad de seres vivos indefensos que sucumben en un incendio forestal a más de las especies vegetales y animales; ese submundo fantástico de ranitas y salamandras, libélulas y abejas, saltamontes, caracoles y miles y miles de especies habitantes del micro mundo vegetal; como picaflores, gorriones y codornices, jilgueros  golondrinas,  colibríes, mariposas y tantas otras especies que son sorprendidas en su nido, en su vuelo o en su canto, como todos los pequeños habitantes del bosque la educación ambiental debería ser estudiada y aplicada para evitar los incendios forestales. (O)

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