Acompañar también duele

Cuando una persona atraviesa una crisis suicida, el impacto no se limita únicamente a quien la está pasando. La familia y amigos también experimentan mucho miedo, incertidumbre, culpa y un considerable desgaste emocional. Muchas veces los cercanos quieren ayudar, pero no saben qué decir, cómo actuar o tienen miedo de hacer algo que empeore la situación.
La preocupación puede llevar a los cuidadores a permanecer constantemente atentos a cambios de ánimo, comportamientos o posibles señales de riesgo. Este estado de vigilancia constante puede resultar agotador y estar acompañado de ansiedad, dificultades para descansar e irritabilidad. También pueden aparecer preguntas como: “¿Cómo no me di cuenta?”, “¿Pude haber hecho algo antes?”, “¿Qué hago si vuelve a ocurrir?”, etc.
A esto se suma el estigma que todavía rodea al suicidio. Algunas familias evitan hablar de lo que está sucediendo por miedo a ser juzgadas o porque simplemente no saben cómo explicar la situación. Esto puede hacer que atraviesen un momento especialmente difícil con el poco apoyo verdadero de su entorno.
Entonces, ¿cómo podemos acompañar?
Uno de los primeros pasos es escuchar sin juzgar. Recuerda: “guarda silencio y escucha”.
Cuando alguien expresa un sufrimiento intenso, intentar convencerlo de que “todo estará bien”, compararlo con otras personas o decirle que “debe ser fuerte” puede hacer que se sienta poco comprendido. Es preferible escuchar, validar lo que está sintiendo y tomar seriamente cualquier expresión relacionada con hacerse daño o no querer vivir.
Pero acompañar no significa convertirse en terapeuta ni asumir individualmente la responsabilidad de mantener a otra persona a salvo. Familiares y amigos forma parte de la red de apoyo, pero también necesitan orientación profesional para saber cómo actuar.
Además, existe otra persona que también necesita atención: la que cuida. Acompañar durante una crisis genera una importante carga emocional.
Mantener espacios personales, apoyarse en personas de confianza y buscar ayuda psicológica cuando sea necesario también forma parte importante del proceso.
La prevención del suicidio no consiste únicamente en intervenir cuando aparece una crisis. También implica construir entornos donde hablar del sufrimiento sea posible, que pedir ayuda no genere vergüenza y tanto la persona como su familia sepan que no tienen que enfrentar la situación solos, a veces esos entornos deben ser construidos, inicialmente, fuera de casa.
Algo importante: para cuidar la salud mental de una persona, se debe cuidar de la o las personas que la van a sostener, para que así, la ayuda sea efectiva.
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