El fenómeno del Niño

Y entonces, hablar de la Naturaleza a mucha gente —no entiendo por qué— le parece aburrido, innecesario, conflictivo y hasta “jipi”. Sin embargo, regresar a ver nuestra esencia implica reconocer que somos uno con la Tierra, este planeta azul y poderoso que nos sigue sosteniendo, a pesar de la gran impotencia que parece sentir cuando lo atacamos, lo explotamos, lo destruimos y lo dejamos casi sin respiración.
La Tierra, además de ser nuestro hogar y un planeta extraordinariamente complejo y dinámico, es el tercer planeta del Sistema Solar y está ubicada a unos 150 millones de kilómetros del Sol. Esta ubicación creada divina y perfectamente por Dios o por la Fuente de toda sabiduría le permite a nuestro hermoso Planeta albergar agua y vida. Y hay un dato que deberíamos recordar siempre: aproximadamente el 71% de la superficie de nuestro planeta está cubierta por agua.
En 1987, la gran Gro Harlem Brundtland, a quien ya les he mencionado varias veces en mis editoriales, presentó al mundo el concepto de “Desarrollo Sostenible”, entendido como aquel desarrollo capaz de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas. El concepto quedó plasmado en el conocido Informe Brundtland, que puso sobre la mesa una realidad que, aunque ya era evidente, seguimos ignorando: la depredación de la Naturaleza por parte del ser humano puede ser despiadada cuando la búsqueda de beneficios económicos se coloca por encima de la vida.
Han pasado 39 años desde la publicación de aquel informe y, aunque el concepto de Desarrollo Sostenible se ha incorporado en políticas, acuerdos y agendas internacionales, la realidad todavía está muy lejos de lo que entonces se planteó.
El Derecho Internacional enfrenta, además, importantes limitaciones para obligar a los Estados a cumplir muchos de estos compromisos. Mientras tanto, seguimos viendo cómo, en demasiados lugares, se privilegia la explotación de los recursos naturales y la rentabilidad inmediata por encima de la protección ambiental y de la equidad.
¿Las consecuencias? Fenómenos climáticos extremos, pérdida de biodiversidad, deforestación, contaminación, sequías, inundaciones y, por supuesto, una creciente vulnerabilidad de millones de seres humanos.
Y aquí aparece nuevamente “El Niño”: uno de los fenómenos climáticos conocidos por todos, ya que ha ocurrido como un patrón climático de origen natural que nace de forma cíclica cada 2 a 7 años, debido al calentamiento anormal de las aguas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial y al debilitamiento de los vientos alisios. Sin embargo, la Organización Metereológica Mundial (OMM) y la ONU han alertado que el episodio actual de “El Niño” en el 2026 se está conociendo como un evento de intensidad muy fuerte o gigantesca, incluso con gravedad extrema ya que tiene razones científicas analizadas como :
* El cambio Climático: todos sabemos que el Cambio Climático que a veces parece tan trillado pero muy pocos hacen acciones para minimizar sus efectos negativos, es un proceso que genera alteraciones en el clima, es decir, hay extremos, extremo calor o extremo frío. Este calentamiento global o cambio climático exacerbará notablemente la intensidad del Fenómeno del Niño.
* Temperaturas oceánicas en niveles elevadísimos: El calentamiento del agua no es superficial, ya que determinan registrar un aumento drástico en capas de hasta 100 metros de profundidad donde algunas zonas han superado la media histórica por mas de 8 grados Celsius.
* Impactos globales posiblemente provocados en: Litoral de Sudamérica (Ecuador, Perú y el Sur de Brasil), posiblmente tendran lluvias torrenciales, alteraciones climáticas y anomalías cálidas en el mar. Inundaciones severas, deslaves, pérdidas de cultivos agrícolas y daños viales masivos. Y en el Sudeste Asiático, Australia, Centro América y el Norte de Sudamérica (Colombia/Venezuela) habrán posiblemente sequías prolongadas y olas de calor extremo, incendios forestales, escasez de agua.
Frente a esto: ¿qué podemos esperar? ¿Seguiremos actuando como si la Naturaleza no es parte de nuestra vida? O, ¿quizá estamos aún a tiempo de cuidarla de verdad?, y aceptar que ese no es un discurso de “moda” sino simplemente una forma inteligente de cuidar nuestra propia existencia. (O)
