Soberanía biológica V

Lo que estamos haciendo estas semanas es realizando el viaje más importante de nuestras vidas, el viaje al conocimiento, ese empezar a encender los interruptores correctos. La epigenética nos dice que nuestros hábitos pueden encender o apagar genes de enfermedad o de longevidad. No es solo la aburrida biología que nos enseñan, es el manual de instrucciones que nadie nos entregó al nacer y que es la diferencia entre simplemente sobrevivir y alcanzar un estado de salud. Imaginemos que pudiésemos sumergirnos en nuestro propio torrente sanguíneo, veríamos autopistas frenéticas con glóbulos rojos transportando oxígeno con una precisión que ridiculizaría a cualquier sistema logístico avanzado existente, veríamos al sistema inmunológico, que no duerme, identificando y aniquilando amenazas. Pero esta tragedia de la vida moderna ha externalizado y confundido tanto nuestra atención que hemos olvidado el milagro que ocurre dentro de nosotros. El cuerpo produce millones de células nuevas cada día para mantener el equilibrio, los glóbulos rojos viven unos 120 días, las plaquetas duran apenas 10 días en el cuerpo. Los glóbulos blancos, algunos duran pocas horas y otros varios días o semanas. El campo electromagnético del corazón es el más potente del cuerpo, unas 5,000 veces más fuerte que el del cerebro y puede ser detectado por instrumentos científicos a varios metros de distancia de tu cuerpo. Nuestra sangre es un río de información constante, un fluido inteligente que se adapta a la temperatura, a la presión y a nuestro estado de ánimo en milisegundos. Visualicemos nuestra sangre como una red de internet de banda ancha ultra veloz. En este fluido viajan exosomas, que son pequeñas cápsulas de información que nuestras células se envían unas a otras como si fueran mensajes de WhatsApp atómicos. Un músculo de nuestra pierna puede enviarle un mensaje de necesito más energía a nuestro hígado y este responde liberando glucosa en cuestión de microsegundos. La capacidad de regeneración de nuestro hígado es tan asombrosa que soporta tanto maltrato que nosotros nos empeñamos en dañarlo, pero podría reconstruir nuestra salud cada vez en menos tiempo de lo que nos imaginamos, pero hay un interruptor de apagado en nuestro metabolismo que la mayoría de la gente activa por error cada mañana.
Viajemos ahora hasta lo más profundo de nuestras células, hasta las verdaderas dueñas de nuestra energía, las mitocondrias que son las que deciden qué hacer con el oxígeno que nuestra sangre transporta. Son antiguas bacterias que hace miles de millones de años decidieron vivir dentro de nuestras células a cambio de darnos energía en forma de ATP. Tenemos billones de ellas. Un solo cardiomiocito, célula del corazón, puede contener hasta 5,000 mitocondrias que son las centrales energéticas responsables de generar más del 90% al 95% de energía que el corazón necesita para bombear de manera continua. El problema es que con esta modernidad nuestras mitocondrias están “oxidadas”. La falta de ejercicio, el exceso de luz artificial y el tipo de alimentación las vuelven ineficientes y generan más bien una gran cantidad de radicales libres que dañan nuestro ADN (estrés oxidativo) y son la base del envejecimiento prematuro y otros problemas. Estudios de neurociencia demuestran que el entrenamiento diario de alta intensidad puede aumentar la capacidad mitocondrial en casi un 70% sin importar nuestra edad biológica actual. (O)
