Del primer grito a la independencia

Columnistas, Opinión

El 10 de agosto se conmemora el primer grito de libertad en la Audiencia de Quito, colonia del Imperio español. En 1809, hace 217 años, los próceres protestaron por la invasión de Napoleón a España y la caída del rey Fernando VII y, a la vez, demandaron libertad y autodeterminación en Quito. Animados por Manuela Cañizares, establecieron una Junta Suprema, con la cual desconocieron el mando político español en Quito. Alrededor de tres meses duró la gesta libertaria. 

Los próceres fueron apresados y encarcelados. El 2 de agosto de 1810 muchos fueron asesinados, inclusive delante de sus familiares. La reacción española fue sangrienta. Algunos próceres sobrevivieron gracias a que pudieron huir. 

Si bien es discutible que haya sido el primer grito de libertad en América, dado que antes, en Chuquisaca, ya se había escuchado un grito parecido, lo que hicieron los próceres del 10 de agosto tuvo inmensa trascendencia. En 1812, en otro episodio libertario, se aprobó la Constitución del Estado de Quito, con los mismos ideales y principios que del 10 de agosto de 1809. 

Tuvieron que transcurrir 11 y 13 años para que ese grito de libertad se cristalizara en dos revoluciones, la de Guayaquil, en 1820, cuando el Puerto Principal se independizó de España, y la del Pichincha, con la célebre batalla, en 1822, cuando el territorio de la Audiencia dejó de ser colonia española. 

La trascendencia del 10 de agosto está en la configuración jurídica de sus principios en la Constitución del Estado de Quito, así como en la independencia de Guayaquil y de Quito.  (O)

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