Alza de tarifas del transporte

Columnistas, Opinión

Las nuevas tarifas en el transporte interprovincial, vienen con centavos. No es una decisión gratuita, sino producto de los estudios técnicos. Pero, dada la “viveza criolla” tan arraigada en la sociedad ecuatoriana, es posible que los transportistas lleguen a “redondear” las tarifas. Es que los centavos de dólar como que no cuentan en las transacciones financieras.

Ecuador mantiene una contradicción en la política de transporte. Mientras el precio de los combustibles puede subir o bajar según las condiciones económicas, las tarifas de los pasajes permanecen sujetas a negociaciones entre el Estado y los transportistas. El resultado es un sistema rígido, politizado y alejado de la realidad del mercado. Si el combustible aumenta, es razonable que el costo del transporte también se ajuste. Pero cuando el combustible baja, los usuarios deberían recibir el mismo beneficio. Eso casi nunca ocurre porque las tarifas no responden a la oferta y la demanda, sino a decisiones administrativas que suelen llegar tarde y generar conflictos. La solución pasa por liberar ambos mercados. Los precios de los combustibles y los pasajes deben fijarse sin intervención estatal, permitiendo que las variaciones de costos se reflejen de manera transparente. Sin embargo, esta reforma solo tendrá sentido si también existe libre competencia. Mientras las rutas y los cupos permanezcan controlados por pocos operadores, no habrá incentivos para mejorar el servicio ni para ofrecer tarifas más competitivas. Modernizar el transporte exige abandonar un modelo estatista que ha quedado rezagado. La competencia, la libertad de empresa y la transparencia en la formación de precios pueden generar un sistema más conveniente y eficiente.

Lo cierto es que el valor de los combustibles, sujeto a un sistema de bandas en función de los precios internacionales del petróleo, ha presionado a que los diversos sectores de la transportación exijan la revisión de las tarifas. Ni las compensaciones, que no son eternas, ni los subsidios que  dan los municipios, contentan a los gremios del  transporte. El golpe, finalmente recaen en los usuarios del servicio. (O)

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