Hablar sigue siendo prioridad

Columnistas, Opinión

El teléfono inteligente está en el bolsillo de millones de personas, y ya casi nadie se detiene a pensarlo como una novedad. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, encuesta ENEMDU – julio 2025, 10.3 millones de personas en el país tienen un smartphone: el 59.3% de la población de 5 años en adelante. La definición sigue siendo la misma de siempre, un aparato capaz de conectarse a Wi-Fi, redes de datos móviles y correo electrónico, pero el número de gente que lo lleva encima ha crecido hasta volverse mayoría.

El acceso, sin embargo, no es parejo. En las zonas urbanas el 64.3% de las personas tiene un teléfono inteligente, mientras que en el área rural la cifra baja al 48.3%. La educación también pesa, y pesa mucho: el 90.3% de quienes tienen instrucción superior posee uno, frente a solo el 24.4% entre quienes no tienen ningún nivel de instrucción. El ingreso económico marca una diferencia mayor: 77.5% de tenencia en el quintil más rico, contra apenas 36.2% en el quintil más pobre. Son tres factores que apuntan en la misma dirección.

Lo que sorprende, más que el acceso desigual, es el uso que se le da a toda esa conectividad una vez que el aparato ya está en la mano. El 76.8% de las personas usa internet sobre todo para llamadas y comunicación por voz, muy por encima de cualquier otra función. El entretenimiento queda en segundo lugar, con 13.0%; la educación, con 6.9%; y el trabajo, con apenas 1.9%.

Actividades como la banca electrónica, los trámites gubernamentales, las compras en línea y las citas médicas, cosas que hoy parecen parte de lo cotidiano, suman entre todas apenas el 0.3% del uso principal. El smartphone, con toda su tecnología, sigue usándose sobre todo para una cosa: hablar con otra persona. (O)

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