Control II

La semana pasada, en este mismo espacio, bajo la columna titulada Control, vimos que resulta imposible controlar lo externo. Que lo único que sí podemos y debemos controlar es nuestra forma de reaccionar frente a esos estímulos de afuera. Es más, cerramos la nota con esta frase: “¿Quiere tener el mundo bajo control? Controle sus emociones y dominará el mundo.”
Claro, decirlo es muy fácil y hasta suena bonito, pero ¿en verdad calza esta enseñanza en los mil escenarios que hay que enfrentar en el día a día, muchos de ellos estresantes, agobiantes y desesperados hasta el límite? ¿Qué tan práctico y real es decir: “controla tus emociones” cuando hay idiotas que nos sacan de casillas y dan ganas de ahorcarlos? ¿Cuánta lógica cabe en pretender mantenerse impasible cuando al salir de una fiesta, todo alegrón y con unas copas demás, ver que te han robado el carro?
Para empezar, no se ha dicho que no hay que expresar emociones ni tampoco que sea fácil controlarlas. Hay que saber manejarlas, lo cual es un arte que se va cultivando poco a poco y con mucha paciencia.
Por cuestión de espacio, le propongo analizar los dos ejemplos planteados líneas atrás en momentos diferentes. Hoy revisaremos el primero: La forma de reaccionar con gente que nos saca de quicio por su inoperancia, estupidez o ignorancia Y dejaremos el robo del auto para estudiarlo la semana siguiente. ¿Le parece?
Bien. En primera instancia, es importante reconocer que si usted es de aquellos que se ofende con facilidad, significa que es una persona fácil de manipular.
Mire. Hay una diferencia muy importante entre reaccionar y responder. Reaccionar es justamente lo que está detrás del ejemplo propuesto: alguien dice o hace algo con lo que no está de acuerdo y usted simplemente explota, endosa responsabilidades y deja en claro que no tiene la culpa. Eso, estimado amigo, es vivir con fuerza reactiva, siempre a merced de lo que otros hagan o “le hagan”, siempre con un estado de ánimo dependiente de terceras personas.
Es distinto cuando, en las mismas circunstancias, sí, siente la emoción (ira, tristeza, miedo, alegría, asco, sorpresa, etc.) pero en seguida pausa, piensa, procesa, regula y después responde. Cuando hace eso, su reacción ya no es de ellos, ahora es suya. En el momento en que usted elije responder en vez de reaccionar, recupera el control, ya nadie le gobierna.
Recuerde: uno reacciona automáticamente, sin pensarlo, cuando se pincha con algo y grita o salta del dolor. En cambio, responde cuando se da un tiempo para pensar en lo que va a decir. En este caso, no le controlan las personas, no le controlan las palabras o emociones de otras personas, usted se controla.
Por eso dijimos: si quiere tener el mundo bajo control, controle sus emociones y dominará el mundo. (O)
