Mamá

Esa palabra tan sencilla, pero tan poderosa. Una mamá trae vida, siendo utilizada por Dios para que este mundo sea más sutil y continúe vivo. Una mamá nos llena de calor desde que puede tenernos en sus brazos; nos entrega su aliento de amor incondicional y nos muestra el camino lo mejor que puede, con errores y fracasos muchas veces, pero siempre con una sonrisa dibujada en su rostro, llena de la luz necesaria para aceptar que cada día nos trae miles de nuevas oportunidades si seguimos intentándolo, procurando ser siempre mejores de lo que ayer fuimos.
Una madre se entrega, se desvive, se trasnocha, se preocupa y se inspira en lo que le encienden sus ojos. Una madre convive con quienes pueden hacer felices a sus hijos. Una mamá parece haber sido elegida para brindar felicidad a todos quienes la rodean. Es una posibilidad de regocijo, de gozo y de ternura infinita. Una mamá es un hogar seguro lejos del ruido y del miedo. Una mamá es una bendición que jamás termina.
Quienes tenemos el privilegio de tener a nuestras madres debemos aprender a amarlas con ese profundo sentimiento que jamás podría abandonarlas; un amor que procure sostenerlas y llenarlas de la claridad que necesitan sus ojos para tener la calma y la seguridad de que su guía fue tan buena que ahora, cuando más puedan necesitarnos, estaremos ahí para protegerlas hasta el final y aún más allá.
Entre los escritores más reconocidos que han hablado del infinito amor de una madre, podemos recordar al gran Guillermo Aguirre y Fierro con su poema triste pero profundo, “El Brindis del Bohemio”, dedicado a su madre; y a Alfonsina Storni con su hermoso poema “Palabras a mi madre”, donde escribe: “No las grandes verdades yo te pregunto…”. También es imposible dejar de mencionar la novela “La madre” de Máximo Gorki, donde el heroísmo de una madre demuestra la inmensa entrega que puede existir hacia un hijo.
Porque una madre no solo da vida: también enseña a vivir. Su amor muchas veces es silencioso, pero permanece incluso cuando el tiempo pasa, cuando las fuerzas faltan o cuando la distancia aparece. Las madres son el primer refugio del alma y, muchas veces, el recuerdo más puro que nos acompaña durante toda la vida. Por eso, mientras tengamos la fortuna de abrazarlas, escucharlas y mirarlas sonreír, jamás deberíamos dejar pasar la oportunidad de decirles cuánto las amamos. Porque el amor de mamá es, quizá, la forma más cercana que tiene Dios de abrazarnos en la Tierra. (O)
