Regreso inesperado

El retorno sorpresivo del expresidente Lenín Moreno ha sido presentado, por algunos sectores, casi como un acontecimiento extraordinario. La atención mediática acompañó su llegada como si se tratara de una figura triunfante que vuelve luego de cumplir una misión histórica. Conviene recordar que está en el país para enfrentar a la justicia.
Moreno pisó suelo ecuatoriano el pasado 6 de mayo, casi un año y medio después de haber sido llamado a juicio por presunto cohecho en el denominado caso Sinohydro, relacionado con la construcción de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. La investigación involucra a exfuncionarios del sector eléctrico y a familiares cercanos del exmandatario, entre ellos su esposa e hija.
El caso no es menor y tampoco reciente; se remonta a hechos ocurridos cuando Moreno ejercía la Vicepresidencia durante el gobierno de Rafael Correa. Paradójicamente, aquel hombre que llegó al poder como heredero político del correísmo terminó rompiendo con su mentor apenas asumió la Presidencia, iniciando una confrontación que marcó la política ecuatoriana de los últimos años.
Moreno, además, arrastra el peso político de la gestión de la pandemia de COVID-19. Las imágenes de cadáveres en las calles de Guayaquil, el colapso hospitalario, la improvisación institucional y los escándalos de corrupción en plena emergencia sanitaria dejaron una de las etapas más dolorosas de la historia reciente del país. Su gobierno quedó profundamente marcado por aquella crisis.
Durante largo tiempo, el heredero político de Correa permaneció fuera del alcance directo de la justicia ecuatoriana en Paraguay, país con el que Ecuador no mantiene tratado de extradición. Resulta inevitable, entonces, que su retorno despierte interrogantes. No solo por el proceso judicial que enfrenta, sino también por el momento político en que ocurre. Su llegada representa un movimiento inesperado en el escenario político nacional.
En un Estado de derecho, nadie debería estar por encima de la ley, ni tampoco ser condenado antes de una sentencia. Moreno tiene derecho a defenderse y la justicia tiene la obligación de actuar con independencia. Mas, debe quedar claro que este no es un regreso épico ni mesiánico. Es el retorno de un expresidente que deberá responder ante los tribunales por acusaciones de corrupción.
En el “Nuevo Ecuador” los procesos judiciales no deberían convertirse en espectáculos ni los retornos políticos en gestas heroicas. El país necesita justicia y memoria. (O)
