La ramera de la política

Siempre me he considerado de derecha, incluso cuando hace ya bastantes años comulgaba con alguno que otro ideal de izquierda, algo en mí me decía que “por ahí no va la cosa”. Luego, completamente afincado en mi pensamiento libertario, catalogaba a la izquierda simplemente como una postura ideológica que apunta al lado equivocado, es decir, no había ningún otro motivo importante para mantenerme contrario a sus tesis más que por temas estrictamente ideológico-políticos. Podríamos decir que, de alguna manera, aunque no lo compartía, respetaba su ideario en pos de la honestidad democrática.
Sin embargo, al menos durante la última década (y el reciente lustro aún más) la izquierda ha venido comportándose cual prostituta de burdel barato que provocativamente va despojando su ropaje revolucionario de reivindicaciones, derechos y apego a las minorías que siempre ha pregonado, haciendo que cada prenda resbale sensualmente al piso hasta quedar en completa desnudez, dejando entrever deliberadamente sus blancos y voluptuosos pechos, sus apetecibles y bien formados muslos, su prohibida entrepierna y una sonrisa que invita al acto mientras muerde coquetamente la punta de su índice… izquierdo.
Sí, en los últimos años, finalmente la izquierda en el mundo (y Ecuador no es la excepción) se ha mostrado de cuerpo entero como lo que verdaderamente es: inmoralidad, decadencia y corrupción. Se ha presentado como la puta de la política que, aunque entrada en años, es bastante apetecida sobre todo para las hordas de mentes inmediatistas sedientas de placer pasajero.
¿Por qué lo digo con tanta crudeza y sin ambages? Pues, porque razones sobran. Hoy, a diferencia de años atrás, la izquierda se ha puesto abiertamente del lado de la delincuencia organizada, de hecho, es parte de ella; hoy, la izquierda da cabida en su buró a todo tipo de delincuentes: sicarios, pandilleros, terroristas, narcotraficantes, violadores, abusadores, prontuarios y sentenciados; hoy, la izquierda busca destruir la familia tradicional introduciendo aberrantes conceptos como la legalización de la pedofilia, el cambio de sexo en niños, el matrimonio entre homosexuales, etc.; hoy, la izquierda es brutalmente vandálica, violenta y muy bien financiada por el narco; hoy, la izquierda aplaude la orgía de muerte a civiles perpetrada por Hamás en Israel el 7 de octubre del 2023; sin embargo, hoy, esa misma izquierda calla cobarde e hipócritamente las decenas de miles de ciudadanos iraníes asesinados en las calles por la dictadura teocrática de ese país; y en esta misma línea, hoy, la izquierda promueve también la expansión del islamismo en el planeta permitiendo el ingreso de millones (sí, millones) de fanáticos religiosos, terroristas, delincuentes y abusadores sexuales a las grandes metrópolis del mundo.
No defiendo a la derecha, también en ella hay políticos rastreros que han cometido actos denigrantes, pero, seamos sinceros, ni de casualidad con el descaro y a los niveles que lo viene haciendo la izquierda.
Por eso, si antes la izquierda era incompatible con mi forma de ser y de pensar, hoy, simplemente la repudio.
