Fogonazos sobre Emilio María Terán. 1906

Columnistas, Opinión

Don Emilio fue un político enmarcado en el liberalismo de mucha recordación en Tungurahua, sobre todo en Píllaro donde le dedicaron el nombre de una parroquia. Del otro lado de las alabanzas y adulos con que se suben a los pedestales a nuestros pro hombres, apartándolos de los que sí lo merecen,  comparto estos perfiles de un libro publicado en Guayaquil en 1906:

Después de Alfaro, se lo tenía como “primer personaje de la TRANSFORMACIÓN…futuro Presidente de la República, aspirante a la gloria “aere perennis” más duradera que el bronce”. El crítico Enrique de Rastignag dice de Terán que “es el primero en Ecuador en ser dúctil y maleable como el oro fino por la flexibilidad de la espina dorsal ante los acontecimientos…llámese oportunidad. Tiene tenacidad en el arte de la intriga…¿Quién no sabe que fue Caamañista, floreano y corderista… más o menos disfrazado de progresista?… el Sr Terán ha pelechado en todos los campos, tan pronto caamañista como franquista”.

Sobre el método de publicitarse con periódicos, muy común en esa época dice que “escribir periódicos contra los liberales y más tarde contra los conservadores, es cosa que se comprende… determinan la exposición de ideas…¿pero el señor Terán las tiene?” 

“La impersonalidad de su criterio es admirable… lo único que podemos asegurar es que  (como ilustre sub jefe de Alfaro) es eminentemente católico… es la espada de Gedeón del radicalismo ecuatoriano tan  lleno  de masones, espiritistas y materialistas.”

Terán redactaba “El Atalaya” en 1898. “En semana santa soltó un sermón de tres horas: por su radicalismo se huele al sacristán”.

Era coronel “y ahora ya es General. ¿Habrá   peleado desde entonces?…Aquí donde la milicia es puro empirismo, aquí donde el cuartel es una tumba para la gente infeliz…aquí hemos tenido los Otamendis, los Oses, etc, negros brutos y tan valientes como animales. Y eran generales y coroneles desalmados; ni entendían de nada, ni perdonaban al enemigo en el campo de batalla…El sujeto de quien hablamos es, como casi todos los demás, un militar de aventura”.

“Como abogado que es, tiene capacidad de escribir un Proyecto de Código Militar… como militar ¿podrá dirigir una campaña?

Escritor… no es escritor… le falta gramática y el estilo. Sus periódicos son indigestos; su centón sobre la deuda inglesa, lectura imposible; su crítica a los versos del Dr Viteri, una majadería; y su habilidad de dramaturgo, que hablen los redactores del antiguo Don Venancio…Cansado, ininteligible, a veces frío, soso, incorrecto, verboso; he aquí el periodista”.

“Orador… charlar sin fin, con monotonía desesperante de chorro de agua, incoloro, sin arte, sin imágenes, no es ser   orador… padece de leucorrea verbal el pobre… la voz nasal no le ayuda”.

“Ni político. Ni militar. Ni escritor. Ni orador. ¿Qué queda del hombre? Un intrigante de talento. Este es el primer hombre después de Alfaro.”

(Tomado de Hombres de la Revuelta, Guayaquil 1906, escrito por Enrique de Rastignac, Nueva imprenta Nacional de la Nación. Consultado en  la Biblioteca de  la ciudad de Ambato, p. 1 a 11). (O)

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