Entre ortigas y silencio

Un hombre señalado por el presunto hurto de un cilindro de gas fue retenido por comuneros y sometido a un baño de purificación en la plaza central de Salasaca, ayer.
El viento de la mañana corría frío por la mañana. Frente a la iglesia y a pocos pasos de la sede del Gobierno Comunitario, un cilindro de gas azul permanecía en medio de la plaza, como prueba silenciosa de un hecho que alteró la calma habitual de la comunidad.
Un hombre, en aparente estado etílico, estaba sentado sobre el adoquín. Minutos antes había sido retenido por moradores que lo señalaron por la presunta sustracción del cilindro. Algunos comuneros observaban en silencio; otros, con gesto firme, aguardaban el inicio del procedimiento ancestral.
El implicado, con voz entrecortada, sostuvo que el tanque le fue entregado por terceros y que no cometió delito alguno. Sus palabras se perdían entre murmullos y miradas de desconfianza.
Las autoridades comunitarias decidieron aplicar justicia indígena, amparados en sus usos y costumbres. En medio del círculo formado por hombres y mujeres de la parroquia, se cumplió el ritual del baño de purificación con agua y plantas andinas. No hubo gritos, pero sí advertencias claras: en Salasaca, dijeron, no se tolerarán actos que afecten la tranquilidad colectiva. (I)
