El superpoder

Columnistas, Opinión

Qué mejor que comenzar el año recordando que usted es el privilegiado poseedor del más potente, grande e inconmensurable poder que tiene la mente humana, capaz de hacer posible lo imposible, de transmutar a tangible lo imaginado, de convertir la ficción en realidad y de conseguir lo impensable.  

Y no, no le exagero ni estoy bromeando en lo más mínimo, ese impresionante superpoder lo usamos a diario y a cada momento, aunque de manera inconsciente, y es por eso, precisamente, que no lo aprovechamos como debiera. ¿Cuál cree que sea? Piénselo por un momento. 

¿El poder de decisión? o lo que también llamaríamos “libre albedrío”, podría ser, pero no es la respuesta. ¿La inteligencia, el poder de razonamiento?, nos distingue entre el resto de animales, pero tampoco lo es. ¿El conocimiento, la sabiduría? No. ¿La neuroplasticidad?, está cerca, de hecho, vendría a ser un efecto del superpoder, pero no es la respuesta que buscamos. ¿Entonces, cuál es? 

El superpoder que tenemos está muy por encima de todas ellas y de varias más que seguramente las pensó. Se trata de la “metacognición”: pensar más allá del pensamiento o pensar sobre el pensamiento, es decir, es la capacidad de observar aquello que está pensando, de convertirse en el observador, en el testigo, en la consciencia que todo lo ve. 

Y esto que suena poco convencional e incluso raro puede, literalmente, cambiarnos la vida porque al aprender a ver mi propio pensamiento “desde arriba”, desde la posición de testigo – observador, puedo asumir -previamente- responsabilidad consciente en cada uno de mis actos y decisiones. Ese yo superficial que solía decidir mecánicamente, por conveniencias o por gustos del momento habría muerto y en su lugar tomaría el mando el Yo Superior, nuestro Ser Supremo al que hemos convocado para que nos guíe. Con Él, actuando como la Consciencia Divina que es, cambia la conducta y cambia el resultado. 

Entienda, pues, que este superpoder no es solo una idea abstracta; es una fuerza tan real que incluso deja huella en su biología. Al ejercer la metacognición, esa neuroplasticidad que mencionamos deja de ser un proceso automático y azaroso para convertirse en un verdadero mapa neuro físico de su despertar: usted literalmente estaría reconfigurando su cerebro para la paz. 

Este año, no se pierda en el intento de cambiar el mundo ‘allá afuera’; use su capacidad de observar sus pensamientos, suba al estrado del testigo y elija de nuevo. Al invitar a su Yo Superior desde ese silencio consciente, usted deja de ser una víctima de las circunstancias para convertirse en el arquitecto de sus milagros.  

Recuerde siempre: usted no es el pensamiento que cruza su mente, sino la consciencia eterna que lo observa; y en ese pequeño espacio de distancia, reside el infinito poder de cambiar su realidad para siempre. (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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