Desde la crítica a la incomprensión

Columnistas, Opinión

A diez días del conteo oficial y difusión de cifras finales de la consulta-referéndum, sin proponérmelo, un trayecto en taxi terminó revelando más sobre la ciudad que cualquier boletín. El conductor, con la naturalidad de quien mezcla queja y sentencia en una misma respiración, comentó el abandono de las calles y los nuevos “huecos” que -según decía- la alcaldía insiste en abrir.

Tras burlarse de los “hornados de quince dólares” y los impedimentos contractuales para gastar la plata en las fiestas, cerró con un juicio que repartía culpabilidad a un pueblo entero, incapaz -en su visión- de escoger a tiempo un camino distinto al que ahora deriva, otra vez, en violencia e inseguridad.

“Ahora sí -dijo- pedirán ayuda, porque aumentará la inseguridad, las muertes, los asaltos… pero no dieron el voto para cambiar las cosas”. “Aunque serán los que más griten y reclamen…” 

En un planeta donde los blancos y los grises se extienden como estaciones alternantes, los viajes no siempre comienzan con una maleta, sino, con un hartazgo. Y ese fastidio de la autoridad motiva acciones de revocatoria de mandato, cuando eso es posible, pero también, propios intentos de auto abandono para reflexionar o recuperarse; cuando no, candidaturas a reelección que nacen muertas.

El ser humano, circundado por voces que lo examinan, lo clasifican y lo nombran sin su permiso, termina por sentir el impulso de escapar. Así de fácil. Lo hace sin un propósito evidente, guiado apenas por una necesidad de aliviar la presión de la propia vida.

En ese paisaje, la crítica -combinación de juicio social, expectativas heredadas y demandas íntimas- puede erigirse como una jaula tan delicada que solo descubrimos sus barrotes cuando respiramos fuera de ella. Escapar de la crítica no garantiza la libertad; a veces conduce hacia una región más silenciosa, pero igualmente áspera: la incomprensión.

Y… hablando de ella, he mirado con atención el detalle transmitido por uno de los canales de televisión que incluye un análisis cronológico de gestiones realizadas por el gobierno haciendo referencia al estado en que encontró las cosas y como están a la fecha. Todas, apuntan a resaltar logros. Pero al final, no obstante remarcar impedimentos para mejorar los ingresos, se inserta una opinión -autoría del locutor- supongo, que enfatiza que no hay obra pública para mostrar.

Y, entonces volvemos a la dicotomía.

A la apropiación indebida de resultados, a la asignación incompleta de perjuicios, pero también, al desfile de “especialistas” en todos los órdenes que, terminan exponiendo un recetario plagado de enmiendas, propuestas, sugerencias y decisiones a tomar, etc., etc., sin percatarse (hacer un mea culpa) de que muchos de ellos, si no todos, ya tuvieron la oportunidad de desempeñar cargos públicos en pasados gobiernos y nada, nada de lo que ahora critican y profesan, hicieron, pero aún, ni siquiera lo intentaron.

Sus “acciones” no dejaron ninguna huella y ahora se desgañitan pontificando.

Felicito las buenas intenciones, pero cabe puntualizar que, mesura y prudencia son las mejores consejeras en estas lides. Por favor… ¡No se pierdan en el espacio! (O)

Deja una respuesta