16 días de activismo 

Columnistas, Opinión

Cada 25 de noviembre, no es solo una fecha más en el calendario, se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer. Es un grito global que marca el inicio de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, una lucha diaria que aún nos recuerda que existe trabajo pendiente por hacer.

Las cifras globales, ya de por sí son estremecedoras, sin embargo, en nuestro país adquieren un rostro y un nombre. Detrás de la estadística que una de cada tres mujeres sufren violencia, hay madres, hijas, hermanas, y nosotras mismas, quienes cargamos en silencio el miedo en el transporte público, las que apretamos el teléfono en el bolsillo durante una caminata nocturna, las que cruzamos de calle para alejarnos de un grupo de hombres porque no conocemos sus intenciones. Sin embargo, se ha normalizado el piropo agresivo como un impuesto por habitar el espacio público y lo que más duele es que cada diez minutos, en algún lugar del mundo, un femicidio destroza una familia más. En Ecuador, esa estadística no es abstracta, la hemos llorado en portadas de periódicos y con amigas cercanas.

Pero la violencia es un monstruo que muta. Ya no solo acecha en las calles, callejones oscuros o detrás de las puertas de casa. Hoy, la violencia ha encontrado un vehículo veloz, anónimo y masivo: el mundo digital. Es por ello, que este año, la consigna de la ONU lo enfoca con crudeza: «ÚNETE para poner fin a la violencia digital contra las mujeres y las niñas», y es aquí donde la realidad ecuatoriana muestra una de sus aristas más complejas.

No hemos logrado aún brindar una justicia que llegue a los hogares y ahora hay otro tipo de violencia que si bien no dejan moretones visibles, pero destrozan la psiquis de varias mujeres. 

Estos 16 días, que culminan el 10 de diciembre en el Día de los Derechos Humanos, son un recordatorio de que la dignidad de las mujeres es un derecho fundamental. En el Ecuador de hoy, luchar contra la violencia de género exige, inexorablemente, alzar la voz también frente a las pantallas. Es defender el derecho fundamental de toda mujer a existir en el espacio digital sin miedo, con la misma plenitud y libertad que merece en las calles. Esta no es una batalla paralela; es el mismo frente de guerra, solo que el campo de batalla ahora también es virtual.

Que estos 16 días no sean solo un paréntesis de indignación en el calendario, sino el eco que despierte nuestra fuerza colectiva. Como mujer, como testigo y como protagonista de esta historia, digo basta. Basta a la violencia que se esconde tanto en el puño cerrado como en el mensaje cobarde. Basta a la complicidad del silencio, tanto en las calles como en las redes. 

Nuestra lucha no es por ser valientes, sino por dejar de tener que serlo para vivir con normalidad. Hemos aprendido que nuestra voz, cuando se une, es más fuerte que cualquier amenaza, más rápida que cualquier viralización del odio, y más persistente que la impunidad.

Alzo la voz no solo por mí, sino por todas las que caminaron antes, por las que resisten hoy y por las que nacerán mañana. (O)

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