Macho con “M” de mujer / Kléver Silva Zaldumbide

Columnistas, Opinión




Aunque parezca descarada para las personas feministas y desconcertante para los machistas, ser hombre, en términos que demanda el equilibrio racional, no es tan fácil. En general, en el día a día, lo que se está viviendo es una realidad enteramente machista pero encubierta, inculcada desde la niñez de “macho de dureza inquebrantable”. El estereotipo tradicional del varón se ha mantenido atado a un patrón biológico exagerado con atributos primitivos actualmente sin funcionalidad adaptable. En buena parte, pre-fabricado, en base a propaganda y orientación mercantilista: los noticieros ya no se dan en escritorio sino son mujeres voluptuosas paradas de lado y de cuerpo entero, periódicos que son top de ventas con desnudas en su interior, videoclips con bailes grotescos y semidesnudas disfrutando de textos de canciones que serán felices los cuatro y así por el estilo. Es decir, siempre “vendiendo” el mensaje de que la mujer es artefacto de alquiler o de uso, aunque no tenga nada que ver, está siempre una desnuda), fomentando la falta de bases de dignidad sexual, de respeto a sí mismo, a sus sentimientos, a su cuerpo. Pero se dice también que macho es con “M” de mujer porque en algo ésta aporta a que se promocione dicho complejo. Algunas madrecitas se revisten de henchido orgullo cuando su adolescente hijo tiene múltiples llamadas telefónicas de muchas chicas, y así múltiples factores promocionados por la misma mujer.

En el diario desempeño, analizando las situaciones de relación, ya sea interpersonal, familiar, laboral, conyugal, sexual, entre otros, debo confesar que los conflictos conyugales son pavorosos. Preponderan los maltratos, ya sean verbales, actitudinales, afectivos y en algunos casos hasta físicos son una realidad disfrazada de apariencias y etiquetas por el “qué dirán”, por una extrema dependencia económica, “por los hijos” como justificativo irreal, ya que a la postre crecerán esos hijos llenos de frustraciones y complejas alteraciones psicoemocionales (nerviosos, inseguros, de baja autoestima), añorarán abandonar ese núcleo hostil, buscarán un escape (matrimonio, droga, alcohol) como fácil medida de evasión, etc. Es decepcionante recibir a pacientes mujeres de una buena parte de nuestras familias con la repetitiva tragedia de relación que viven, basta saber que los divorcios se incrementaron un 83,45% entre 2006 y 2016 en Ecuador.

Es impactante y penoso saber que anden sueltos tantos psicópatas dando la peor de las imágenes a sus hijos, preparando el terreno para los futuros fracasos conyugales de esas inocentes criaturas que nunca se enterarán ni aprenderán lo que es respeto, los principios de dignidad conyugal, la hombría de bien, la aceptación, el autoestima, en sí lo que es un estilo afectivo positivo hacia su futura pareja. En mis 30 años ya de experiencia puedo calcular que se espera un rango de 8 a 10 años de diario maltrato para tomar alguna decisión o solución a semejante desdicha por parte de nuestras mujeres. Existe un exagerado apego que corroe la relación, un sometimiento y una enfermiza dependencia hacia sus verdugos (esposos), practicando un estilo afectivo sumiso-dependiente-débil (sin ti no soy nada), teniendo al frente un hostigante-abusador-agresivo, controlador obsesivo, generalmente de autoestima baja (celoso-inseguro). La constante queja femenina es la falta de afecto, consideración, valoración, con una ausencia casi total de respeto al hogar. Si no dejamos un legado positivo de buena imagen a nuestros hijos, no nos ha servido de nada el haber transitado por este planeta. El tiempo y la vida nos demuestra que no podemos ser buenos padres sino somos buenos esposos. (O)

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