Ignorancia consentida / Kléver Silva Zaldumbide

Columnistas, Opinión

 

A propósito del Día Internacional del Libro celebrado el pasado lunes, y que la Conferencia General de la UNESCO, celebrada en París en 1995, decidiera rendir un homenaje universal a los libros y autores, alentando a todos, a descubrir el placer de la lectura y a valorar las irremplazables contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y cultural de la humanidad, podemos ultimar que, en una Latinoamérica, dónde menos del 3% lee de manera crítica, no se puede manejar con ideas sino con emociones. Decir de manera crítica significa que tomemos un libro y señalemos, por ejemplo: este texto tiene una idea, pero se contradice, este argumento no es válido, este argumento no respalda esta idea, esta idea no la sustentó, entonces esto no se concluye, este autor está equivocado y así.

En nuestra región como la gente no lee ni argumenta, y la educación es de tan bajísima calidad y como eso lo saben bien el politiquero, que, cual sagaz malhechor, manipula a todos con su verborrea y nos encajan el cuento y las ilusiones de igualdad y buena intención, como cuando nuestros padres nos hacían creer el cuento del cuco. Si a una persona se la “amaestra” desde que nace para ser mansa y analfabeta es muy probable que lo va a acabar siendo. Ese es el germen del problema, mientras no se decida a invertir en buena educación, en ciencia y promover la lectura, realmente no tenemos futuro como sociedad ni tampoco vamos a construir la paz. Por algo Audrey Azoulay dijo que: “El libro constituye el punto de encuentro de las libertades humanas más importantes, entre las que destacan en primer lugar la libertad de expresión y la libertad de edición. Se trata de libertades frágiles.”

Lo que más buscamos en esta sociedad consumista y permisiva es una felicidad monetaria, pero sin valor, el disfrute, lo fácil, lo rápido, lo cómodo, el hedonismo…nos requieren analfabetos con ansias de enriquecimiento rápido y que no nos cueste ni sudor ni lágrimas amasarlo, nos llenan páginas de la prensa con la morbosa crónica roja, con el sainete descarado, burlesco y circense de la corrupción gubernamental. Nos mantienen delante de la Tv escuchando y viendo exabruptos, escenas subidas de tono, que, se dicen llamar «celebridades» y que no son más que los representantes de la incultura consumista a la que hemos llegado.

Nunca una vergüenza como ahora que se fomenta la incultura y la ignorancia promovida por un populismo agresivo y lleno de resentimiento social, sin importarles nada de lo que pueda “oler” levemente a cultura o que exija una inteligencia mínimamente superior a la de un ovino. No calificamos como analfabetos porque hemos tenido acceso a saber leer y escribir, pero nos tratan como tales y día a día nos “cuidan” más y la televisión piensan más en nosotros haciendo programas cada vez más a nuestra medida y los distintos canales compiten en ofrecer programas pensados para una gente como nosotros que no leemos, que no entendemos, que solo queremos que nos diviertan o que nos distraigan, aunque sea con los crímenes más brutales o con los más sucios trapos de sus pestilentes acciones corruptas. El mundo entero se está creando a la medida de esta nueva mayoría, todo es superficial, frívolo, elemental y primario para que podamos entenderlo y digerirlo. Esos son, socialmente, la nueva clase dominante, aunque siempre será la clase dominada por su analfabetismo y su incultura la que impone sus tendencias delincuenciales y sus morbosas reglas. (O)

 

Medicina Integrativa Oriental

 

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