¿Botar a corruptos o votar por corruptos? / Mario Fernando Barona

Columnistas, Opinión

Uno de los hechos más llamativos de la semana pasada fue, sin duda, la liberación de la cárcel del expresidente de la FEF, Luis Chiriboga, quien se acogió al régimen semiabierto que permite salir en libertad siempre que se haya cumplido al menos el 60% de la pena impuesta. Chiriboga fue sentenciado primero a diez años de cárcel -luego bajó a seis- por lavado de activos, cumpliendo la mayoría de ellos en arresto domiciliario en su departamento en Quito, sólo a partir que se ejecutó la sentencia, esto es en diciembre del 2018, pasó a la cárcel en Latacunga y luego a Ambato. En otras palabras, se enriqueció por millones con dineros malhabidos, le bajaron la pena, pasará más de cinco años disfrutando del arresto domiciliario, y apenas 10 meses (menos de un año) tras las rejas. Esa es nuestra justicia.

Pero eso no es lo más triste. ¿Sabe qué es lo más triste? Que cuando Chiriboga pueda legalmente postularse a alguna candidatura de elección popular, tendría apoyo; no digo que gane -aunque no me sorprendería- pero seguro tendría varios miles de votos a su favor. ¿Y por qué es triste? Porque esa realidad refleja los estándares morales en los que nos desenvolvemos como sociedad. Basta que un rostro sea conocido, no importa si es bobo, qué propone, o cuán honesto o bribón sea, con que pinte popular y tenga algo de habilidad con el verbo, puede darse el lujo de manejar masas a su antojo y hacerse millonario.

Eso es así y usted lo sabe; y si no, no nos vayamos muy lejos, la famosa Revolución Ciudadana declarada oficialmente por la FGE como “delincuencia organizada” por la cantidad y peso de las incuestionables evidencias en el delito de cobro de sobornos (entre otros) por parte de Correa y sus allegados, podría quedar, sin embargo, en el limbo de la impunidad popular porque en teoría aún tendrían potencial para ganar elecciones y volver a ser poder.

Así estamos, así somos; cuestionamos las formas y nos embarramos en el fondo, preferimos pararnos a gritar arengas en contra del imperialismo, y seguir desempleados; nos sentimos más a gusto criticando el centavo que se gana el banquero, que los millones que se roba el político en nuestra propia cara. Ya depende de usted, en las próximas elecciones ¿va a botar corruptos o a votar por corruptos? (O)

mariofernandobarona@gmail.com

Deja una respuesta