“Siloe” / Lic. Mario Mora Nieto

Columnistas, Opinión

“Que vivan bendecidos, sintiendo esas ganas de andar en paz con su familia y con los demás, esas ganas de compartir el pan y la alegría interior que nos regala Dios”.

-Papa Francisco-

            Alain, un visitante francés que llegó a nuestra ciudad hace un par de años, nos contaba emocionado de una experiencia maravillosa que vivió en París, en su juventud.

            Tenía 20 años y acababa de llegar a la “ciudad luz”, desde su natal Reims. París era un mundo extraño para él. Además traía muy poco dinero.

            Durante la tarde recorrió por algunos lugares y al anochecer no sabía hacia dónde ir. Pero la suerte (algunos llaman providencia) hizo que Alain entrara al “Siloe”, un pequeño restaurante de aspecto sencillo en medio del brillo ostentoso de las luminarias y marquesinas. Permaneció allí hasta bien entrada la noche y volvió varias noches más. Al poco tiempo le ofrecieron trabajo para atender el bar. Había encontrado más que un empleo. El “Siloe” era una comunidad de ayuda para desamparados.

            Cada año varias docenas de jóvenes encuentran la oportunidad de comenzar una nueva existencia en este original restaurante. Entre ellos hay ex ladrones, ex drogadictos, ex homosexuales, fugitivos salvados a tiempo del camino de la delincuencia.

            El éxito des establecimiento en la transformación de estas vidas jóvenes se explica por su nombre: “Siloe” (enviado). En la Biblia es el nombre de la piscina donde acudían a curarse los ciegos.

            Detrás de la discreta fachada del restaurante funciona un complejo sistema de regeneración social. Los camareros y camareras son en realidad maestros, médicos, enfermeras. Algunos trabajaban a tiempo completo. El hombre que dirige el lugar es René Pinsard, un sacerdote originario de Bretaña.

            El padre Pinsard y su equipo sirven de salvavidas a miles de jóvenes extraviados que navegan entre los placeres baratos de la gran ciudad.

Muchos de ellos, como Alain, son provincianos que han “subido” a París.

            “Nuestra misión es recibir a todos estos jóvenes, no importa quienes sean”, explica el sacerdote. “Extender la mano a aquellos que tienen fuerza para volver a subir la pendiente sin criticarlos”. Todo lo que exige el “Siloe” es que tengan intención seria de apoyarse a sí mismos. Cada uno ha vivido experiencias realmente dramáticas.

            Cada vez que el padre Pinsard y su equipo ayudan a estos jóvenes a dirigir sus ojos hacia nuevos horizontes están dando nueva vida y nuevo sentido a la palabra “Siloe”. (O)

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