Refinería del Pacífico / Editorial

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Se acusó al gobierno pasado de construir elefantes blancos con poca utilidad y a un costo muy alto en la época que experimentó el boom del precio del petróleo. El aeropuerto de Santa Rosa en El Oro, por ejemplo, fue uno de esos casos. Pero también se le acusó (y el tiempo lo demostró) de gastar mucho dinero y no construir nada, lo que sucedió con el proyecto de la Refinería del Pacífico en Manabí.

Con un costo escandaloso, el gobierno solo alcanzó a mover las tierras del proyecto y a construir una que otra casa para las personas que supervisaban el proyecto. En definitiva, con más de mil cuatrocientos millones de dólares no se hizo casi nada. El proyecto resultó un verdadero fiasco.

Ahora, el gobierno en funciones ha decidido retomar su iniciativa y buscar inversionistas dispuestos a invertir ingentes cantidades de dinero para transformar esa gran planicie de tierra en una mega refinería con ambiciones regionales importantes. ¿Funcionará ahora sí el proyecto? ¿Habrá inversionistas que crean en el país?

Solo el tiempo y las rondas de inversiones lo dirán. Lo cierto es que exigirán, como es lógico, condiciones favorables para su inversión y, sobre todo, seguridad jurídica y responsabilidad. ¿Ya está preparado el país para ofrecer eso?

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