¡Que vergüenza! / Mirian Delgado Palma

Columnistas, Opinión

 

Los escándalos de corrupción, en los altos magistrados del sector púbico, no han parado, nos despertamos cada día con denuncias espeluznantes que dejan a nuestra patria con una lectura ante el mundo de anfitriones de la corrupción, por sus distintas manifestaciones de atraco al erario nacional y de ciudadanos, extorsionados por los “dueños del poder” ¡Qué vergüenza!

Estas distinguidas personalidades, que “han transitado por las aulas universitarias “y ostentan títulos de nivel superior, con gran desvergüenza se atreven a ungirse con los términos que dignifican el accionar de los hombres, como son: la moral, la ética, la justicia y la democracia. Si en el templo del saber bebieron de las “fuentes de la sabiduría”, ¡quién sabe!; en los templos de sus corazones, sembraron abominables prácticas, para conseguir “el éxito”, en todas las formas. Privilegiados que han recibido el aplauso de los hombres humildes, a través de la mediocridad, audacia, mentira y humillación a la moral. Todo es falso en estos cerebros atrofiados; pero en su oratoria, parece que sus corazones desbordan de sentimientos de sacrificio y servicio a los demás. -doble moral- ¡Qué crueles!

Estos seudoilustrados, son intrépidos y a veces con su audacia llegan a la cima del “poder y del éxito”, pero sí insisto, que estas formas de éxito son temporales, porque fueron atraídas, pisoteando el honor y la gloria de su patria; y, más tarde, la verdad de sus trampas brillará como el sol. “El éxito -dice Víctor Hugo- es una cosa bastante fea, su falso parecido con el mérito, engaña a los hombres de tal modo que, para la multitud el éxito tiene casi el mismo rostro que la superioridad.” El mismo escritor y poeta, refiere: “El éxito tiene una víctima a quien engaña y es la historia”.

Qué concepción semántica tienen aquellos funcionarios astutos, que hablan de ética y de moral, acaso son sinónimos de: mentira, trampa, soborno, chantaje, extorsión, etc. etc. La ética por su fin es noble, nos da una norma que encausa la voluntad hacia el bien común. La ética vela porque los actos humanos sean realizados correctamente, constituyen la manifestación excelsa de la vida, cuya resultante es una sólida educación moral.

La moral se basa en la armonía espiritual, es justa y beneficiosa, es universal, es espontánea; porque es precepto y nadie nos obliga con la fuerza a respetar las normas, sino la conciencia de cada persona.  Aquellos torcidos funcionarios deberían por lo menos revisar la terminología que usan en su lenguaje cotidiano, para saber si hay una perfecta sintonía de “conceptos con sus prácticas vivenciales”; y no usurpar frases que dan honor y gloria a los hombres de bien, como una especie de biombo para cubrir sus miserias humanas. ¡Qué vergüenza!

La rutina les encanta, el slogan de estos políticos de pacotilla, dice ser “los principios e ideales”, son perversos en sus críticas, jamás llegan a la razón de las cosas; lo único que buscan es la celebridad, brillar siendo mediocres; a través de discursos deshonestos extienden sus manos hacia la gente ingenua como una limosna para mantener su popularidad.  ¡Qué vergüenza!

Si conocieran la vergüenza, respetarían y honrarían las leyes; la Ley es la conciencia de un pueblo, romper la Ley es “romper la conciencia ciudadana”; es “atacar su autonomía”. (O)

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