Maduro y sus excesos dictatoriales / Editorial

Editorial, Opinión

 

El golpista Hugo Chávez accedió al gobierno venezolano con el eslogan de la revolución bolivariana. Entonces se justificó el golpe de Estado que derrocó al gobierno demócrata de Venezuela, al que se tildó de corrupto.

Las aspiraciones del autócrata Chávez eran llegar a tener el control de los países del área andina con proyecciones a la mayor parte de los latinoamericanos, en base a los millones de dólares petroleros. Así llegó a formar el Alba con pequeños países caribeños que recibían dádivas; Fidel Castro recibió entregas de petróleo. Esta generosidad logró consolidar el liderazgo personal de Chávez.

La Unasur, en gran medida, es el intento de controlar la economía latinoamericana que, como es conocido, se desbarata en pedazos. Chávez engañó a Correa para construír la refinería del Pacífico con su aporte económico, que sólo ha servido para negociados.

El sucesor ilegítimo Nicolás Maduro ha continuado con la destrucción total de la institucionalidad en Venezuela, con el control de todos los organismos del Estado, con el respaldo de la cúpula militar, que le han permitido cometer toda clase de abusos y atropellos a los derechos humanos, al atraco de millones de dólares, a tal punto que el pueblo venezolano carece de lo más indispensable para sobrevivir; no tiene alimentos, medicinas, trabajo, con una inflación de muchos dígitos; la emigración de venezolanos es la evidencia de lo expuesto.

Es hora que la OEA actúe con energía aplicando la Carta de Conducta; es una vergüenza para América el gobierno de Maduro. (O)

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