Lección celestial / Dr. MSc. Washington W. Montaño Correa.

Columnistas, Editorial, Opinión

Bien se dice que cuando algo no te pertenece, haces lo posible porque se acomode a tu forma de ser, a pensar, a hacer, a como decir y hasta a mentir. Así no nacieron, así se parecían, así copiaron, remedaron y actuaron en el estilo político nuevo, que impacta porque trae un vocabulario revolucionario, renovador, patriota, empujado por un apurado y fogoso político que su inexperiencia lo diluía con una facilidad de palabra y una postura política polémica entre izquierda, extrema izquierda e izquierda radical, pero que igual se rodeaba con gente de derecha y de izquierda en la mesa servida.

Y desde Montecristi, subió como la espuma, raudo, triunfante en toda elección que fraguaron; se hicieron de todos los poderes; eligieron y quitaron lo que quisieron y al que quisieron; nombraron a la brava a jueces, jefes militares, directores, embajadores profesores y dicen que hasta a los futbolistas de la selección nacional. Metieron la mano en todo y en eso se afinaron hasta especializarse en lo sarcástico, en provocar la burla, usar el apelativo grosero para desacreditar a mujeres; hacía gala de irreverencia a todo principio y valor social; su fin socialista era que impere el partido antes que la patria; y a quienes osaban en decir algo, en seguida era sometido a demostraciones de prepotencia para acallarlos. Mostrase filáticos y atrevidos ante la cultura y la educación era poco porque al mentir atentaron a la fe pública y acabaron con la moral y la decencia.

Muchos habrán probado de este estilo, que rápidamente se propagó a lo largo y ancho del país, que se metió en todo ámbito público, sin dejar resquicio alguno. Todo empleado público que entró con ellos y en subliminal demostración de agradecimiento por ese puestito verde, consideraron adoptar esta forma de trato y llevar a las oficinas el retrato del ególatra junto a las consignas del partido de regar sus postulados para estos primeros trescientos años; en el colmo de la soberbia y de arrogancia.

Ya no están, se desmantelan, desaparecen; unos se auto confinan en los bienes acuñados en estos jugosos diez años y otros se esfuman con lo mal habido. Y se les cae la noche cuando la gente, “el pueblo de la querida patria” ve tras la careta de la fanfarria, toda una década de atropellos a la libertad. “En el desquite no hay venganza”, decíamos, de pequeños, en nuestras peleas; y los mayores arreciaban con sus proverbios de “lo que se siembra se cosecha” y sí ha sido verdad. Al pobre si que le han dado como a bombo en fiesta.

El domingo fatal para muchos políticos se acerca como lo hizo esta súper luna azul, con mucha algarabía, porque se sabe que no la volveremos a ver hasta en más allá de un siglo.

 

 

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