La Gloriosa / Lic. Mario Mora Nieto

Columnistas, Opinión

El Diario El Comercio, en la edición del 29 de mayo de 1944, informa: “Movimiento subversivo estalló en Guayaquil. Participan elementos militares y grupos extremistas. Al grito de viva Velasco Ibarra, patrullas armadas y civiles enardecidos se lanzaron a las calles poco antes de la media noche. La población vive horas de angustia porque se oyen disparos por todos los sectores y se teme que se produzcan choques de un momento a otro”.

El pueblo exigía la salida del Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río, quien después de un claro fraude electoral contra el Dr. José María Velasco Ibarra, subió al poder el 1 de septiembre de 1940. Arroyo del Río, abogado de empresas extranjeras y elemento relacionado con los Bancos y con los agroexportadores costeños; hizo un gobierno favorable a estos sectores mediante medidas proteccionistas, lo cual provocó un generalizado descontento y una oposición cada vez más fuerte, por lo cual fortaleció y utilizó al cuerpo de carabineros (actual Policía Nacional) que llegó a constituirse en una especie de guardia pretoriana del Presidente.

Esto provocó un manifiesto descontento en el ejército que guardaba un resentimiento profundo por la decadencia de las Fuerzas Armadas y la prosperidad de los carabineros, sobre todo a raíz de la guerra con el Perú en 1941.

El complot contra el Gobierno de Arroyo empezó a fraguarse, sobre todo con la participación del capitán del Ejército Sergio Enrique Girón, quien estableció contacto con oficiales de las unidades estacionadas en Zaruma, Cuenca, Loja y Guayaquil.

Además, las políticas de seguridad externa e interna no fueron manejadas adecuadamente, cuestión que llevó al País a negociar en condiciones poco ventajosas la firma del famoso “Protocolo de Río de Janeiro”, que llenó de infamia y vergüenza al País.

Como era de esperarse esta situación, que fue calificada como derrota diplomática y traición a la Patria, profundizó la impopularidad del Gobierno y el 28 de mayo de 1944 estalló la revuelta.

Según el historiador Jorge Salvador Lara, “núcleos comprometidos de la oficialidad joven respaldados por elementos de la tropa, con apoyo de milicias civiles, se alzaron en armas. Varias casas de dirigentes Arroyistas fueron asaltadas. Los cuarteles de carabineros fueron asediados por el pueblo. La lucha fue sangrienta y el combate solamente cesó con el incendio del cuartel”.

Arroyo del Río fue depuesto por el golpe conocido como “La Gloriosa”. Los gestores del golpe trajeron de inmediato al Dr. Velasco Ibarra que se encontraba desterrado en Colombia. Fue recibido por una “gigantesca manifestación popular” de aproximadamente 40.000 personas, quienes calificaron a “La Gloriosa” como una fecha de renovación de la dignidad nacional. (O)

 

 

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